El abogado Óscar Tuma
- una vez más, cuándo no- ,
ahora, en Mburuvicha Róga,
acometió con su show.
En el caso Lugo e hijos
- ya de amplia difusión- ,
se presentó con la madre
fungiendo de defensor.
Acompañando a Damiana
Hortensia Morán, llegó
para conminar al “padre”
que reconozca al menor.
No estuviera mal el hecho
si hubiese sido otro el rol
de Tuma que, por lo visto,
lo grosero prefirió.
Allí, sin ningún escrúpulo,
se convirtió en locutor
seguido por un micrófono
de radio que transmitió.
Más allá del desmanejo
de Lugo en su relación,
de su juego de cintura
e irresponsable evasión;
más allá de los antojos
de la madre que actuó
con cambiantes exigencias
llenas de contradicción;
más allá del periodismo
mediático y tavyrón,
que se ufana de “crear
de la nada información”,
lo execrable de Óscar Tuma
es la manipulación
en el modo con que expone
al niño en esta cuestión.
¿No mide bien, como Lugo,
el destino posterior
del niño, que ahora es víctima
también de su “defensor”?
¿Lo hace por cierto humanismo
de errada buena intención
o por algún interés
de burdo politicón?
¿O tal vez porque no sabe
del Código del Menor?
Si así fuese le vendría
bien algún jetavy’o.