RAÍCES. Arsenio Pastor Erico Martínez tiene ancestros europeos. Su genealogía más próxima se ubica en España por el lado materno y en Italia (sus abuelos emigraron hacia el Paraguay desde la península a fines del siglo XIX), por la rama paterna, aunque etimológicamente la palabra Erico tiene procedencia germana y significa “príncipe que rije”. Nunca pudo ser como en su caso más acertada esa acepción, pues su majestad ha rebasado los límites de su propio tiempo para imperar como rey del gol hasta hoy.
TRAYECTORIA. Sus comienzos fueron los patios salesianos y en el fútbol oficial se alistó en el club Nacional justo a tiempo en que estalló la Guerra del Chaco y se paralizaron las actividades deportivas en el país. Alistado como voluntario en el Ejército paraguayo a la edad de 15 años, fue enrolado por sus ya conocidas dotes futbolísticas en el combinado de la Cruz Roja Paraguaya que realizó una gira para recaudar fondos. Dirigentes de Independiente y River Plate lo vieron y quedaron prendados con sus virtudes. Los rojos se adelantaron y finiquitaron su incorporación. De la entidad roja pasó a Huracán en los últimos años de su carrera. Volvió a terminar su gestión en Nacional, donde también actuó como DT así como en Sol de América.
DITIRAMBOS. Carlos Muñoz del Solar (periodísticamente conocido con el seudónimo de Carlos de la Pua) fue uno de los más fervorosos admiradores de Erico. Su pluma poética convocó alguna vez a la afición a los partidos para ver al genial futbolista y llegó a escribir que cuando él nació “se rompió el molde”, un profético anuncia que ya nadie sería como él, como hasta hoy no surgió otro en el fútbol argentino que alcance la friolera de 293 tantos con un inigualable promedio de 1,43 goles por partido.
MÁS. Erico llegó a anotar 47 tantos como récord en una temporada (1937 y en sólo 34 partidos). Pero al año siguiente pudo haber batido esa marca, de no mediar un ofrecimiento de la compañía tabacalera Nobleza Piccardo, que si un jugador anotaba el número de goles identificado con una de sus marcas de cigarrillos (43) le obsequiaría un automóvil cero kilómetro. Erico varias fechas antes de la conclusión del torneo llegó a la cifra. Y entonces empezó a “regalar” goles a sus compañeros.
PARADOJA. El más grande jugador paraguayo de todos los tiempos, por una paradoja del destino, nunca integró la selección nacional paraguaya de fútbol.
TAMBIÉN, PERIODISTA
Erico tuvo igualmente una pasantía aunque corta en el campo periodístico después de su regreso al país, y a la vez de probar suerte como entrenador incursionó en el ámbito radiofónico como comentarista. Tanto una actividad como la otra fueron muy efímeras y regresó a la Argentina para radicarse definitivamente.
METÁFORAS
El paraguayo de oro, el saltarín rojo, el hombre de goma, el virtuoso, el malabarista del balón, el diablo saltarín, el hombre de mimbre, el mago del área, el duende rojo, el aviador, el hombre de plástico, míster gol, el rey del gol y otras metáforas más, fueron capaces de inspirar a los comentaristas de antaño, su talento, genio y figura.
CANTANTE BOHEMIO
El maestro Julio del Puerto (foto) comentó ayer en el acto realizado en el club Nacional, que tuvo oportunidad no sólo de verlo jugar ya en el final de su carrera al Saltarín Rojo, sino de compartir gratas tertulias. Incluso, confesó, en una de las noches de grata bohemia, llegó a interpretar guaranias en dúo con el astro del fútbol.
ESCORPIÓN GOLEADOR
El famoso “escorpión” del arquero colombiano René Higuita en 1995 en amistoso contra Inglaterra, ya lo había producido pero no para evitar un tanto sino para marcar un gol de antología, el gran Erico. Fue contra Boca el 12 de agosto de 1934, cuando al no alcanzar de cabeza un centro de De la Mata, lo llevó a red con los tacos.
Como pidió el vicepresidente de Nacional, Guido Ciotti, en el acto de ayer en el estadio Arsenio Erico, es importante conocer aspectos de la historia del máximo astro del fútbol paraguayo para valorar su real dimensión.
GRAN BENEFACTOR
Carlos Barciela, un gran industrial paraguayo, que cuando llegó a Buenos Aires fue uno de los muchos compatriotas a quienes dio albergue Arsenio Erico, supo en vida testimoniarle su gratitud igualmente generosa. Propició en Asunción un gran homenaje en presencia de la flor y nata del periodismo argentino.