Cuatro familias enteras que salían cada día a las calles a recoger basura para lograr su sustento diario, ahora pueden trabajar dentro de sus hogares. Siete adolescentes tienen la posibilidad de iniciarse en un oficio digno, reciben una retribución económica por ello y son obligados además a asistir a la escuela.
Esto es lo que ya se logró en las escasas pero fructíferas dos semanas de funcionamiento de una panadería en el barrio Puerto Botánico.
La misma está ubicada detrás del comedor 8 de Diciembre, que alimenta a unos 230 niños diariamente en la hora del almuerzo y de la merienda. Ahora esos chicos pueden disfrutar además de un suculento alimento, de pan fresco del día.
BENEFICIOS. Los responsables de todo esto son dos personas: Gloria y Miguel Ángel Gómez, un matrimonio sencillo que mora en la mencionada zona y decidió “tomar armas” buscando lograr un cambio en la vida de los niños.
Primero instalaron el comedor, que fue aumentando de comensales en una progresión casi geométrica, pasando de 2 al total ya mencionado.
Ahora, gracias a un microcrédito concedido por la ONG Promu (Promoción de la Mujer) y otras ayudas, lograron instalar una panadería.
El matrimonio Gómez escatima los gastos al máximo, por eso es que decidieron comprar el cebo de un frigorífico, para entregarlo a una familia de su barrio y que esta se encargue de separar la grasa de los restos de carne, para utilizar, lo primero en la producción de panificados, y lo segundo para la elaboración de chicharô.
“En vez de ser carriteros y tener que salir de sus casas a las 5 de la mañana a buscar basuras y volver entrada la noche, sacando apenas 30 mil guaraníes por día, ellos se dedican ahora a eso en sus propias casas, y sacan entre 40 y 50 mil”, dijo Miguel, con satisfacción.
Además, en la panadería trabajan chicos de 14 años para arriba que, recibiendo una paga de G. 80.000 por semana, laboran y aprenden a diario junto a un maestro panadero el oficio de amasar el pan.
“Esto para ellos es como una escalera. De aquí pueden ir a trabajar por ejemplo a la cocina de un supermercado, y ya no se verán obligados a ser carriteros”, agregó el encargado.
A ESTUDIAR. A fin de tener la posibilidad de trabajar en la panadería, estos chicos deben presentar una nota de la escuela asegurando que efectivamente asisten a una, y explicando la razón por la que quieren el puesto.
“Quiero trabajar para pagar mis estudios y para ayudar a mis padres"; “Quiero trabajar para mí, para ayudar a mis padres y a mis hermanos”, sostienen algunas de las notas presentadas.
Miguel explica que algunos de los chicos que trabajan con él antes no asistían a la escuela, o que si lo hacían iban a cursos rápidos.
La panadería produce unos 200 kilogramos de galletas y pancitos a diario, que son consumidos en el comedor, y vendidos a las despensas del vecindario.
SOLICITAN DONACIÓN DE INSUMOS Y MATERIALES
Para su producción diaria la panadería usa, por ejemplo, 350 kilogramos de harina. Cada bolsa tiene un costo que oscila entre los G. 100.000 y G. 120.000.
Miguel Ángel y Gloria Gómez solicitan por ello la donación de esa materia prima, al igual de otras como levadura, manteca, anís y sal.
En cuanto a los utensilios que requieren para producir más y mejor, solicitan rebanadora de pan para sandwich, bolsas de plástico de 5 kilogramos para panificados, una batidora industrial, jarritas y medidores, 50 platos y vasos de plástico rígido y otras 50 cucharas y tenedores (para el comedor), maderas gruesas y finas para construir un armario o descansador de panificados, trapos de tela, termostato de primera para hornos, 4 fluorescentes, canastos grandes para galleta, guantes de cuero y manteles de plástico.
Vale mencionar que la producción de la panadería, teniendo en cuenta tanto la materia prima como la mano de obra, tiene un costo aproximado de G. 500.000 por día.
Actualmente el dinero recaudado con la venta de los productos sirve solo para cubrir estos gastos pero, si se consiguen las donaciones solicitadas, podrán producir el doble y obtener así ganancias que ayudarán además a la absorción de los gastos del comedor, logrando así un autosustento.