25 abr. 2026

El Mercosur puede esperar

Horacio Cartes seguirá esperando para caminar por la alfombra roja del Mercosur. La Cumbre prevista para fin de mes en Caracas se postergó sorpresivamente para mediados de febrero por “razones de agenda” de los presidentes, y aunque no se haya confirmado oficialmente, la única razón es la agenda cargada de Dilma Rousseff que no contempla reunión con los vecinos. La cita fue pospuesta para mediados de febrero, pero sin fecha fija aún. Es la tercera vez que se posterga y más allá de las razones, el bloque no goza de buena salud y las constantes suspensiones parecen apuntar a evitar encuentros incómodos que obligan a hablar de los verdaderos problemas de la integración de un club que crece cada vez más, pero resuelve cada vez menos.

Fin de la crisis. Si bien la suspensión de Paraguay del bloque regional se levantó el mismo 15 de agosto cuando Cartes asumió la presidencia teniendo como testigos a los presidentes de la región que vinieron con la bandera blanca de la paz, había aún mucha tela que cortar. Paraguay no había resuelto aún el ingreso de Venezuela al Mercosur. El rechazo al país caribeño duró poco. A Cartes, que durante la campaña se mostró a favor del bloque, el discurso soberanista le endulzó los oídos. El pragmatismo y la política de los hechos consumados se impusieron y, como esa fruta madura que cae por su propio peso, no tuvo otra que aceptar a Venezuela. Muchos tragaron sapos, pero la real politik es así.

Encaminadas las relaciones bilaterales con reposición de embajadores y discursos de integración, Cartes preparó maletas para ir a Venezuela y estrenar traje de presidente ante el club regional que lo acepta pero lo mira con recelo: Paraguay, luego de su “primavera socialista” con Fernando Lugo, es único país en la región que no tiene un presidente de izquierda. Chile, miembro asociado al bloque, soportó apenas un periodo a un presidente de derecha. Michelle Bachelet retorna con gloria luego de la cuestionada administración del empresario Sebastián Piñera.

La causa. En la semana, dos ministros brasileños visitaron el país. Primero fue el de Industria, Fernando Pimentel. Se habló de inversiones y muchas promesas económicas. El jueves, el canciller Luis Alberto Figueiredo, cuya visita coincidió sugestivamente con la suspensión de la Cumbre. Él habló del inicio de la construcción del segundo puente sobre el río Paraná; la lucha contra la pobreza, los proyectos de integración en la cadena productiva en Paraguay, la interconexión ferroviaria, el relacionamiento en las fronteras para facilitar el intercambio comercial y el flujo de personas, las posibilidades de mayor inversión de empresarios brasileños en el país, además del Mercosur. “Si yo estoy acá, es una consecuencia de la importancia que Brasil, que el Gobierno de la presidenta Dilma Rousseff, atribuye a la relación con Paraguay”, dijo.

Pero su visita traía algo más, la suspensión de la Cumbre porque Dilma tiene cita en las grandes ligas: participará por primera vez en el foro económico mundial en Davos, que reúne a empresarios y banqueros más ricos del mundo en Suiza el 22. Luego está la cumbre de Celac, el 28 y el 29, en La Habana.

Mal humor regional. El horno no está para bollos en el Mercosur. Uruguay tiene un conflicto bilateral con Argentina por el incremento de la producción en la pastera UPM-Botnia; entonces, Argentina prohibió el trasbordo de cargas de mercaderías en puertos uruguayos, como represalia. Mujica reconoce que la relación con Argentina está “trancada” y desde que trató de vieja terca a Cristina, las cosas fueron de mal en peor.

Luego de haber elogiado las decisiones políticas como fórmulas para desactivar obstáculos, hoy destaca que hay que ajustar lo jurídico para solucionar los problemas.

Brasil está por encima de todo. Luego de superar las inflamadas protestas ciudadanas, hoy está centrado en la organización del Mundial de fútbol. Brasil juega en otro nivel y ajusta la agenda del Mercosur según sus intereses.

Venezuela que ha logrado avances en su lucha contra la pobreza, sigue sin encontrar la brújula de la estabilidad económica. Su tragedia tiene ribetes tragicómicos por la actitud del presidente Maduro, cuya obsesión por parecerse a su mentor Chávez, caricaturizó su gobierno. Hace 15 años que el chavismo está en el poder, pero el imperio y los oligarcas siguen siendo los únicos culpables de sus males.

Argentina tampoco la está pasando bien. Es un país en piloto automático. Cristina Fernández reapareció un mes después tras un inquietante reposo, pero no habla y muchos ya creen que no decide.

El Mercosur no avanza en integración y cada vez se parece más a esos matrimonios que sobreviven a fuerza de golpes, pero que no se separan por conveniencia económica. Paraguay, país más pequeño y pobre, vuelve a tener la membresía de un club necesario pero complicado.

Atendiendo este escenario, no es criticable que Dilma prefiera reunirse con quienes manejan el mundo.