04 jun. 2026

El invierno de Gunter: Un juego de polifonías

Libros

Varias son las capas de lectura que se le pueden aplicar a esta novela experimental, moderna, realista y sicológica, con subsuelo guaraní y terraza cosmopolita. El invierno de Gunter, de Juan Manuel Marcos, además de ser una novela de personajes - ya que las interre- laciones entre éstos marcan la trama de la historia- , es un juego de polifonías. Es así como diferentes voces se alternan en un juego literario desde una voz narrativa omnisciente combinada con la voz o con la conciencia de los personajes. En la simultaneidad de tres mundos enlazados: Asunción, Corrientes, Washington, aparece un personaje vértice. Es el paraguayo Pancho Gunter.

Al comenzar la novela nos encontramos con Toto Azuaga, un profesor que viene de dar un seminario en Oklahoma. Echa un vistazo a la nieve y de pronto nos introduce en la vida religiosa guaraní, los karai, la búsqueda de la Tierra Sin Mal; y, en medio de estas visiones, un flashback nos hace llegar la voz ausente de Eliza, profesora de Literatura Angloamericana y esposa de Gunter, amante del profesor Toto Azuaya, que nos estará remitiendo a la otra Elisa, la polémica Lynch, mujer de Solano López.

Por otra parte, la trama tiene un entretejido cortazariano. En varios momentos se cruzan los cambios de voces de los personajes entre sí, sin ser anunciados, manteniendo un discurso directo, libre, o un cruce de la voz omnisciente a un personaje, sin el previo aviso de cambio. Esto produce que el lector esté atento para darse cuenta, por sí mismo, de quién es el personaje que está hablando. Se reproduce de manera natural y acertada el habla coloquial y vulgar de los personajes, restituyendo el lenguaje culto, poético e inspirador a la voz omnisciente, la voz que todo ve y todo lo sabe, coartada enmascarada del autor.

Esta es una novela de diálogos seductores, poéticos y profundos, donde es notoria la gran lectura que hay detrás de esta escritura, que aparece interrumpiendo el pensamiento ordenado como muestra de un fluir de conciencia. Así irrumpen Lorca, Brecht, Guillén, Cernuda, Flaubert, Dostoievski y muchos otros, que aportan carácter al entorno.

Finalizando, nos queda la siguiente impresión: que el mundo expuesto en El invierno de Gunter se lee fácilmente, es atrapante y está escrito sin que le sobre o le falte nada. La realidad está configurada con la fidelidad de un espejo. Los personajes son ricos por sus defectos y por sus complejidades, y porque, llegado el momento, acusan la necesidad de algo más en sus propias vidas. El autor nos aproxima al sistema dictatorial, pero no nos encierra en ese mundo cruel y mediocre; nos deja una salida, una puerta, que la abre para nosotros un personaje que nos dejará el asombro de la esperanza: Gunter.

Irina Ráfols

Escritora