Por Estela Ruiz Díaz
La entrevista con Lino Oviedo fue tramitada oficialmente por la dirección de este diario. Con la venia del comandante en Jefe, presidente Nicanor Duarte Frutos, y Ariel Oviedo, hijo del ex general, se concretó el encuentro.
Fue pautada para el miércoles 21 de marzo en la cárcel militar de Viñas Cué, donde hace 33 meses el líder de Unace cumple la condena militar de 10 años de prisión por el intento de golpe de abril de 1996.
A las 9.46 llegamos al lugar. Tras la presentación de los documentos acreditando nuestra identidad periodística, el capitán Blas Vera nos acompaña hasta el despacho del titular de la Dirección del Servicio de Justicia Militar, el coronel Yves Unzaín. Aprovechando las presentaciones de rigor, el capitán Vera se traslada hasta la celda de Oviedo para comunicarle nuestra llegada.
Grande fue nuestra sorpresa cuando el emisario trae el mensaje de Oviedo: que no estaba enterado de la entrevista y que exigía una constancia escrita del permiso para hablar con él. El coronel Unzaín me pregunta cómo hicimos el trato y le comento que acordamos la entrevista con Ariel Oviedo y que incluso ese día (21), como a las 9, lo llamé para decirle que estaba en camino para entrevistar a su padre. “Mi papá te está esperando”, me contestó muy entusiasmado.
Ante la situación planteada en el penal, intento comunicarme con Ariel, pero su celular estaba apagado. Entonces, comunico a la dirección del diario el incidente y desde allí conversan telefónicamente con Raquel Marín, la esposa de Oviedo, quien dijo no estar al tanto de la entrevista, pero que intentaría dar con su hijo para destrabar la situación.
Entretanto, el capitán Vera vuelve junto a Oviedo con un mensaje de mi parte: que si estaba dispuesto hablaríamos con él, de lo contrario abandonaríamos el lugar y quedaría consignado que si la entrevista no se concretaba, era su decisión. Para graficar la situación y como testigo lo acompaña el fotógrafo René González. Desde el pasillo, el ex general grita y dice que él quiere la entrevista y que nos estaba esperando desde las 8, dando a entender que la traba era del director del penal.
Vera, ya más tenso por las circunstancias, retorna con un escrito de puño y letra de Oviedo. Este exigía una constancia del director de Justicia Militar acreditando el permiso que recibió del comandante en Jefe para la entrevista.
Unzaín se allana al pedido y redacta el documento. Eran las 11.20 horas. Con el escrito en la mano, el capitán Vera regresa junto a Oviedo.
Lo acompañamos para verificar la situación. Quedamos en el límite entre el cuartel y el área penal, separados por un cerco de alambre. A unos 50 metros, vemos a Oviedo recibir la nota. Finalmente, da el permiso para la entrevista.
Al finalizar la charla, le pregunto a qué se debía su exigencia que rayaba la quisquillosidad. "¿Para qué necesita la constancia si nuestra presencia era de por sí una prueba de que la entrevista fue concedida oficialmente?”, le dije.
“Yo luché para que termine la palabra ‘orden superior’. Si (Unzaín) recibió la orden del comandante en Jefe tiene que firmarme este papel, y tuvo que firmar”, dijo en tono victorioso y entra a su habitación, donde funcionaba a full el aire acondicionado.