El Paraguay es un país que todavía sufre una situación de letargo y aislamiento cultural como resultado de las dos grandes guerras que devastaron su población y su territorio (la Guerra de la Triple Alianza contra Brasil, Argentina y Uruguay, en 1864-1870, y la Guerra del Chaco, contra Bolivia, en 1932-1935), y la imposición de prolongadas dictaduras, como la del general Alfredo Stroessner, quien llegó a gobernar el territorio a sangre y fuego durante 35 años (1954-1989).
Esta nación mediterránea llegó a ser una de las más avanzadas en las décadas que siguieron a su independencia (1811), con un florecimiento de las expresiones del arte y la cultura, junto a una economía fuerte y autogestionada. Pero los intereses hegemónicos de la región frustraron su crecimiento y provocaron su involución, condenándola a convertirse en una “isla rodeada de tierra”, como la denominaba el gran novelista paraguayo Augusto Roa Bastos.
En medio del subdesarrollo cultural, la falta de apoyo del Estado y de los sectores privados para los proyectos creativos, a los géneros artísticos les ha costado mucho despuntar y consolidarse. Hoy todavía cuesta hablar de una industria audiovisual o de un cine paraguayo. Aun los géneros con más tradición, como la narrativa, la poesía, el teatro, la música - quizás con la saludable excepción de las artes plásticas- , atraviesan periódicas crisis y no logran establecer una producción sostenida que logre trascender las fronteras hacia un mercado más global.
Con el humor gráfico sucede lo contrario. A pesar de no contar con el apoyo de entidades o publicaciones locales especializadas, y con espacios no siempre generosos en los diarios y las revistas nacionales, se ha ido consolidando toda una generación de escritores y dibujantes que están logrando un reconocimiento cada vez mayor a su obra.
Recogiendo la herencia pionera de los primeros cronistas y grabadores que testimoniaron las luces y sombras de la conquista española en la América colonial, pasando por el corrosivo humor de trinchera de los ilustradores y escritores de los semanarios Cabichuí y Centinela durante la Guerra contra la Triple Alianza durante el siglo XIX, hasta la nueva generación de creadores del siglo XXI, el humor gráfico ha desarrollado un lenguaje propio y característico que refleja las formas de vivir, de reír, de sufrir, de luchar y de soñar en el tórrido corazón de la América del Sur.
Esta historia todavía subterránea y poco conocida es la que se recoge en el libro Historia del Humor Gráfico, escrito con la pasión incansable de uno de los principales protagonistas de este movimiento cultural, el escritor, dibujante y publicista Roberto Goiriz.
Autor de algunos de los íconos fundacionales del humor gráfico y la historieta paraguaya, como sus inolvidables personajes Jopo y Ejulunex, Goiriz dirige hoy Tinta Paraguaya. Se trata de una iniciativa artístico-empresarial que ha logrado abrir camino en el mercado internacional a varios otros talentosos creadores guaraníes, como Juan Moreno, Kike Olmedo y Enzo Pertile, quienes hoy dan a conocer sus historietas en publicaciones independientes de Estados Unidos e Italia.
Goiriz también ha unido su experiencia de ilustrador a la del consagrado guionista paraguayo Robin Wood, autor de antológicas series de historietas como Dago, Amanda, Savarese o Nippur de Lagash, convertidas ya en verdaderos clásicos en países como Argentina o Italia, para producir sus más recientes éxitos: la serie de ciencia ficción Warrior-M, el último guerrero de la humanidad; e Hiras, hijo de Nippur, una serie de fantasía heroica que continúa la saga del viejo Nippur de Lagash.
Desde los oníricos primeros dibujos del cronista de Indias Ulrich Schmidl, pasando por los satíricos grabados de los soldados en Cabichu’i, hasta los chistes gráficos coloreados en formato digital y distribuidos vía internet a teléfonos celulares, el libro de Roberto Goiriz es un vivo testimonio de cómo un grupo de creadores consiguieron - a través del humor y la imaginación dibujada- superar las barreras de la isla sin mar, para pintar su aldea y ser universales.
En el volumen Historia del Humor Gráfico en Paraguay, Roberto Goiriz revela las claves del arte de hacer reír en tierras guaraníes, desde la conquista española hasta la era digital.
Libro
Andrés Colmán Gutiérrez
Periodista y escritor
andres@uhora.com.py
EL DIBUJO ES UN GRAN APOYO PARA CONTAR HISTORIAS
César González
cesarpaez@uhora.com.py
- ¿Cuál fue la intención de hacer el libro Historia del Humor Gráfico?
- En realidad, este libro fue un encargo. En el 2007 me contactó el humorista gráfico Ermengol, quien es uno de los directores de la colección en España, para proponerme escribir el libro en su capítulo paraguayo. Vale acotar que la colección mencionada es la de Historia del Humor Gráfico, que lleva adelante la editorial Milenio, con el apoyo de la Fundación General de la Universidad de Alcalá de Henares.
- A tu parecer, ¿cuándo realmente nació el humor gráfico en Paraguay y quiénes fueron los verdaderos pioneros?
- En el libro, planteo que el surgimiento del humor gráfico en Paraguay está asociado a una tragedia: la de la Guerra contra la Triple Alianza, que devastó a nuestro país. Surgió a sangre y fuego, y se plasmó en publicaciones como Cabichuí, El Centinela, La Estrella y Cacique Lambaré. De todos ellos, el caso más paradigmático es el del Cabichuí, que era producido en los mismos escenarios de las más sangrientas batallas, y que, por ese motivo, tenía ese sabor de periodismo y arte de trinchera, como el de los corresponsales de guerra de la actualidad. Un pelotón de soldados-periodistas-artistas se encargaba de producirlo, al mando de un tal sargento Colunga, aunque en verdad no se tiene la certeza acerca de los nombres de estos heroicos pioneros.
Un cuadro único
- Las viñetas de los antiguos humoristas, que se dividían en dos o tres cuadritos, ¿pueden considerarse dentro del cómic?
- Aquí convendría hacer una distinción de base: el libro trata sobre el humor gráfico paraguayo, pero no sobre la historieta. No me faltaban ganas de incluir al género en el libro, pero la editorial fue muy clara al respecto, para conservar el rigor teórico de la colección: no debía mezclar los tantos. En cuanto a tu pregunta, es bueno recordar que la historieta es una narración en secuencias, mientras que el humor gráfico es generalmente de cuadro único. Otra diferencia importante es que la temática de la historieta es más amplia, pues puede tocar otros temas, de aventuras, misterio, ciencia ficción, etc. En fin, si hay más de una viñeta, es historieta, aunque ésta sea humorística. En el libro, he incluido a las historietas humorísticas.
- ¿Qué apoyo ves de parte del Gobierno o entes a esta expresión artística?
- Hmmm... hubo algunos apoyos ais-lados, pero fueron más para la historieta, pues el ámbito natural del humor gráfico es la crítica, y una de sus víctimas es el Gobierno. Quizá sea por eso que este tipo de humor florece más en el sector privado.
- Sé que en un tiempo se contaban historias con dibujos y sé de otros tiempos más cercanos que el dibujo comenzó a ser artístico. ¿A qué se debe?
- El dibujo es siempre un apoyo increíble para contar historias, sea a través de cuentos infantiles, historietas o humor gráfico. Estas disciplinas, como todo, van evolucionando y se dirigen actualmente a una gran variedad de públicos. Tenemos un público más especializado, con mayor conocimiento y bagaje cultural, que busca en el dibujo más profundidad artística, así que es natural que surjan artistas que respondan a esa tendencia. Pero fuera vanguardista o no, el dibujo debe ser correcto y estar bien hecho. Hay que respetar a los lectores.
En esta entrevista, el ilustrador Roberto Goiriz nos habla de su libro Historia del Humor Gráfico en Paraguay y su parecer sobre la profesión que ejerce.