04 may. 2026

El hombre que inventó el “western gitano”

París, 17 abr (EFE).- El último hallazgo del cine galo, “Mange tes morts”) narra una saga romaní en un hipnótico relato de Jean-Charles Hue, el cineasta que dejó todo para “vivir el sueño gitano”.

Fotografía facilitada por Capricci Distribución, de un fotograma del último hallazgo del cine galo, "Mange tes morts" ("Clan salvaje"), que se estrena hoy en España, que narra una saga romaní en un hipnótico relato de Jean-Charles Hue, el cineasta que dej

Fotografía facilitada por Capricci Distribución, de un fotograma del último hallazgo del cine galo, “Mange tes morts” (“Clan salvaje”), que se estrena hoy en España, que narra una saga romaní en un hipnótico relato de Jean-Charles Hue, el cineasta que dej

Hace dieciocho años que Hue convive con los Dorkel, un linaje de la tribu gitana yeniche asentado en un poblado de caravanas de la Picardía, en el norte de Francia. Los Dorkel, a los que filma desde 2005, son, además, sus parientes lejanos.

“Mi bisabuelo fue uno de ellos, un serbio nómada que se instaló aquí y terminó casándose con una paya”, relata a Efe Hue, quien ha registrado con su cámara una genealogía de la saga distribuida en varios cortometrajes y un primer filme, el aplaudido “La BM du Seigneur” (2010).

A sus 46 años, este francés del extrarradio parisiense fue vidriero en Murano (Italia), estilista de moda en París y videoartista de cierta fama que, al poco de ingresar en Bellas Artes, descubrió que sus antepasados no solo eran gitanos sino que además residían en Francia.

Junto a ellos, a un lado y otro de la ley, descubrió el cine: “Si Lawrence de Arabia quiso ser árabe -resume-, lo mío fue ser gitano”.

Con todo, Hue, que cultiva estética de trampero y verbo frenético, se hizo a sí mismo muchos años antes y en una biblioteca, cuna de un tipo culto, excesivo y -como su cine- original.

Sus imágenes rebasan una mirada puramente documental para abrazar los mimbres de la ficción en “Mange tes morts”, relato de aprendizaje en torno a Jason, un adolescente que antes de bautizarse en la fe evangelista se embarca en una última aventura junto a su hermano Fred, un exconvicto recién salido de prisión.

“Opté por guionizar la realidad, aunque al principio no podía filmar el rostro de algunos actores porque estaban en busca y captura”, reconoce Hue, quien entregó el peso de un rodaje de seis semanas a un improvisado castin que se recrea a sí mismo con un talento explosivo. La acción, agrega, se rodó con balas reales.

Con la autoridad del que vivió lo que narra -"Nos jugábamos la vida robando camiones de cobre”, dice-, el galardonado con el premio cinematográfico Jean Vigo 2014 elogia los códigos culturales y la poesía marginal del mundo gitano, un universo “exotizado por la literatura”, golpeado por los estigmas pero también, advierte, el “buenismo”.

“Si estoy en guerra contra algo, es contra lo políticamente correcto, es decir, la mentira; lo contrario del trabajo de un cineasta”, sentencia para razonar que la indulgencia perjudica tanto como el racismo: “Marca una diferencia y señala culpables”, opina.

Ese combate tal vez explique su fascinación casi fetiche por el antihéroe Fred Dorkel, el rostro que atraviesa su filmografía y un icono del agreste universo gitano, un mundo en extinción sepultado por el sedentarismo, el triunfo de la religión y las seductoras sirenas de la sociedad de consumo.

“Hoy, gitanos y payos, todos soñamos con lo mismo: la estabilidad, dos coches, vacaciones pagadas, ropa de moda”, reflexiona Hue con cierta pesadumbre.

En “Mange tes morts” (“comete a tus muertos”, traducción literal y un insulto muy grave para los gitanos franceses), el magnético Fred apunta su revolver contra la gendarmería mientras aulla que “roba para dar de comer a los suyos”, en lo que es un guiño a los desheredados de Victor Hugo.

Ese es, en el fondo, el discurso del cineasta francés, cuya cámara persigue un elogio de la resistencia, una rebelión que, como todas las demás, en cierto modo, “ha fracasado”.

Tras esta constatación late una película que subvierte géneros para aliar la mafia en chándal de los Soprano con los horizontes del cine de John Ford o -reconoce Hue- la “estudiada digestión” de la obra de Jean Rouch.

“Mi cinefilia nació ante la televisión pública y, en particular, gracias a los clásicos norteamericanos”, puntualiza.

Porque este poeta de los márgenes, que ultima una serie y ya maneja dos proyectos de largometrajes, rueda “westerns”, una “utopía de libertad que tiene mucho del espíritu itinerante”.

Está todo ahí: caravanas, zonas comanche y la lenta agonía de un tiempo que se resiste a ser otro.

Como Hue, al fin y al cabo. “Yo detesto mi época, y punto”.

Carlos Abascal Peiró

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