RÍO DE JANEIRO - BRASIL
La Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) fue inaugurada oficialmente ayer martes en la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, ante más de medio millón de peregrinos, con conciertos y jóvenes de todo el mundo rezando el rosario misionero.
“Queridos jóvenes, Cristo tiene confianza en ustedes y les encomienda su misma misión: Vayan, hagan discípulos”, tuiteó el Papa poco antes del inicio de una multitudinaria misa del arzobispo de Río, Orani Tempesta.
Más de 500.000 personas –según estimaciones de la prensa local– estaban reunidas bajo la bruma agitando banderas de todos los países y cantando. Muchos peregrinos estaban tapados con camperas impermeables, tras una jornada marcada por la llovizna.
río sin metro. “La organización ha sido un poco lío, pero de a poco vamos entrando al sistema”, dijo Fernando Cila (22), oriundo de Buenos Aires. “Hay mucha gente en la calle de América Latina”, se congratuló.
Río se quedó ayer, durante poco más de dos horas, sin metro –uno de los principales medios de transporte para llegar al lugar donde se celebra la misa– poco antes del inicio oficial de la JMJ, debido a un problema eléctrico.
Miles de peregrinos quedaron varados en medio de un tránsito caótico. Los peregrinos intentaban en vano encontrar un taxi libre o sitio en un autobús para llegar a Copacabana, y cientos decidieron ir caminando.
Río acogerá en menos de un año varios partidos del Mundial de fútbol y en 2016 los Juegos Olímpicos, y este problema –junto a las recientes protestas y fallas en la seguridad del Papa el lunes– despierta cuestionamientos sobre su infraestructura y su capacidad organizativa.
“Nos iremos a patica (a pie). No nos queda otra”, dijo el peregrino venezolano Henry Lobo, de 29 años, en el centro de Río. La caminata les llevaría cerca de una hora y media.
Un grupo de pasajeros furiosos intentó invadir una estación de metro, en Botafogo, pero la policía lo impidió, informó la radio CBN en el lugar. Un grupo de peregrinos que logró montarse en un autobús repleto, con las mejillas pegadas a puertas y ventanas, celebraba y gritaba a todo pulmón: “¡Esta es la juventud del Papa!”.
El mes pasado, más de un millón de personas salieron a las calles de varias ciudades brasileñas con el propósito de exigir mejores servicios públicos y protestar contra los millonarios gastos de la Copa del Mundo y la corrupción.