14 jul 2026

El fútbol brasileño, entre astros héroes y villanos

Un reportaje internacional analiza la realidad de algunos astros del fútbol brasileño, que lo considera como “una historia de héroes y villanos”. En él refleja como la fama, el dinero y el fútbol, puede convertirse en una combinación mortal para algunos jugadores.

Bruno y Cafu

Bruno Fernándes y Cafú, dos grandes en el campo, pero muy diferentes fuera de él. (Foto: Archivo)

Alba Fernández y Tatiane Aquim, lectoras correponsales de Vanguardia.es, dedican la primera parte de la nota al “caso Bruno”, que tiene como protagonista al ex arquero del Flamengo, Bruno Fernandes; acusado de haber ordenado el secuestro y asesinato de Eliza Samudio, una modelo de 25 años que reclamaba al futbolista la paternidad de su hijo de seis meses”.

La nota señala que “el caso fue adquiriendo notoriedad a medida que se desvelaban los detalles más macabros de la historia: desde la implicación de la esposa de Bruno y su círculo de amigos íntimos en el caso, hasta la forma como Eliza fue asesinada y su cadáver escondido”.

Así quedó “abierto el debate en Brasil sobre la presión psicológica que la fama ejerce sobre estos jugadores, y sobre si los grandes astros brasileños están preparados para soportarla”.

El análisis se centra principalmente en la repercusión de la vida de los futbolistas en la sociedad, ya “los jugadores se convierten en el ejemplo a seguir por millones de jóvenes adolescentes, que sueñan con ser como sus ídolos”.

Sin embargo, en la nota se destaca que “Bruno no es el primer futbolista que acaba siendo más conocido por sus actividades fuera del campo que por sus intervenciones en el césped”.

Quizás una de las causas de la falta de disciplina en algunos jugadores es “la ausencia de una estructura familiar estable y el origen humilde de algunos”, sostienen las periodistas; que añaden que a veces se trata de “jóvenes de familias pobres que antes de llegar a los 20 años se convierten en ídolos de masas, disfrutan de sueldos millonarios, de fama y éxito profesional”.

Luego le toca el turno a “O Imperador” Adriano, “un claro ejemplo de cómo la falta de estabilidad emocional puede afectar a los jóvenes futbolistas a la hora de encarar las grandezas del fútbol”.

Su historia: “Tras la muerte de su padre, el jugador sufrió una depresión, estuvo casi un año sin marcar en el Inter de Milán y pasó desapercibido en el Mundial de 2006. Acosado por las críticas de la prensa italiana, el jugador fue flagrado varias veces de fiesta en discotecas y luego no acudía a los entrenamientos. Desganado, salió de Italia para buscar refugio en su país. Adriano volvió a Vila Cruzeiro, la favela donde creció y donde celebró varias fiestas con sus amigos de infancia, muchos de ellos narcotraficantes buscados por la policía. A los problemas personales hay que añadir los problemas físicos, la adicción al alcohol y una vida descontrolada que llevan a la falta de rendimiento en el campo. En 2009, el jugador volvió al Flamengo y compartió protagonismo con el delantero Vágner Love”, añade la nota.

Pero Love tampoco pasa desapercibido, ya que “también ha acudido varias veces a la comisaría. Este año, la policía de Río de Janeiro le pidió explicaciones sobre su participación en una fiesta en Rocinha, la mayor favela de la ciudad, y por haber sido escoltado en ocasiones por traficantes de la favela. El delantero aseguró que no veía ningún problema en asistir a fiestas junto a algunos de los narcotraficantes más buscados y peligrosos de Río: He visto muchas de esas cosas, desde niño he vivido con eso. He perdido amigos en el crimen pero nunca he participado y nunca he tomado drogas; sólo voy para divertirme, porque me gusta”, había manifestado el jugador.

Pero están las historias de otros grandes jugadores como Cafu y Zico, quienes aprovecharon su éxito y luego de retirarse impulsaron iniciativas altruistas.

“La Fundación Cafu realiza varios proyectos con niños que viven en favelas de Sao Paulo, a quienes se ofrecen varios servicios: asistencia sanitaria, apoyo escolar, actividades lúdicas”, destacan las periodistas.

Zico, por su parte, “participa en varias campañas sociales y colabora con entidades caritativas de todo el país”. También está Bebeto, ex jugador del Deportivo y del Sevilla durante la década de los noventa e ídolo brasileño por su gran actuación en el Mundial de 1994. el ex delantero “también ha creado su propia organización, el Instituto Bola Para Frente que ayuda a niños y adolescentes con riesgo de exclusión social”.

“Ellos son la otra cara de la moneda aunque, a pesar del comportamiento censurable, la mayoría de astros brasileños cuentan con la simpatía del público en general. Los medios de comunicación y la opinión pública en general exigen un comportamiento más responsable a estos jugadores. En el caso de Bruno, una cierta especie de “compasión espontánea” aparece entre la población para justificar (o al menos relativizar) sus actos. El origen humilde, el abandono de sus padres y el hecho de haber vivido siempre en un contexto conflictivo parecen redimir parte de su culpa”, finaliza la nota.