12 jul 2026

El Estado debe articular acciones para evitar que la familia se desintegre

La desintegración familiar es una realidad que en el Paraguay va cobrando cuerpo. Una de las causas es la migración de los padres en busca de mejores horizontes. Los hijos que se quedan aquí sufren el impacto de la ausencia, que se traduce en traumas que difícilmente podrán ser superados. Hace falta una política de Estado más eficaz para enfrentar esta situación.

Los que viajan al exterior en busca de trabajo, lo hacen con el objetivo de mejorar su situación económica y la de los suyos, ya que su empleo les permite proveer fondos para que los gastos de los que se quedaron puedan ser solventados.
Sin embargo, los chicos que se quedan sin sus padres sufren serios trastornos emocionales al no encontrar el sustento afectivo que antes tenían en la madre o el padre, o en ambos. Los que los sustituyen –abuelos, padrinos, tíos, conocidos o, en algunos casos, extraños–, no llenan el vacío dejado por los que se marcharon.
La gran cantidad de llamadas al Servicio de Fonoayuda, por parte de los huérfanos, evidencia que el grado de conflicto que se crea en torno a quienes se quedan sin familia va en aumento. Ello significa que es el momento de conocer a fondo las implicancias de un fenómeno de múltiples aristas.
Las autoridades nacionales –incluyendo al Presidente de la República– pretenden minimizar la salida de los compatriotas a otras latitudes. Esta es la peor actitud que se puede adoptar, porque al restarle importancia a lo que ocurre o al ignorarlo, se desentienden del tema y dejan a las víctimas libradas a su desgracia.
La desintegración familiar es una de las caras más urticantes de la pobreza. Su impacto se registra en el rendimiento escolar, en el nivel de agresividad de los menores, en el desasosiego y la inseguridad emocional. Sobre todo el papel de la madre es insustituible en el hogar.
Las experiencias demuestran que el aporte de dinero desde afuera no es suficiente para satisfacer las necesidades materiales de quienes aguardan, ansiosos, el regreso de los que han partido. Lo afectivo juega también un papel preponderante en la vida humana.
El quiebre del tradicional modelo familiar no se da únicamente porque los mayores anclan en España, Argentina, Italia o en los Estados Unidos de América. Como origen de esa ruptura está también la adopción de otras formas de relacionamiento, la aniquilación de valores tradicionales, la pérdida del sentido religioso y las exigencias que provienen de motivos laborales.
Lo cierto y lo concreto es que los hijos son los que sufren las consecuencias más nefastas de este nuevo modelo, que va ampliando su área de dominio e influencia. Les afecta en un momento crucial de su desarrollo.
Por ello, el Gobierno debe articular una política que abarque las diversas aristas del problema, contando con el apoyo de la sociedad, ya que es un problema que –finalmente– atañe a todos. El diagnóstico existe. Lo que hace falta es aplicar las recetas que permitan enfrentar con éxito lo que ya está entre nosotros.