Economía

El empresario perfecto

De entrada aclaremos que, desde luego, ningún ser humano es perfecto. Algunos van por buen camino. Aclaremos también que para simplificar no haré distinciones entre cuentapropistas, comerciantes, emprendedores o empresarios. Usaré esta última expresión en términos generales. Así mismo me referiré con mayor énfasis en los que quieran perdurar y en los que quieren exportar.

¿Qué condiciones son deseables? Muchísimos libros, mucho material en internet, y muchos gurús hablan de la capacidad de trabajar en equipo, perseverancia, liderazgo, innovación, flexibilidad, entusiasmo, resiliencia, foco, mejora continua, compromiso con la calidad, cumplir lo pactado y otros aspectos.

¿Qué características solemos aplaudir? Las utilidades, las ventas, la cantidad de sucursales, los edificios, las fábricas, las exportaciones, la cantidad de empleados, y las certificaciones de calidad, entre otros atributos visibles. A veces también el empresario logra esplendor propio y hace que le aplaudamos, premiemos o admiremos aun cuando que el balance no está acorde con esas apariencias.

Qué características cuestan identificar: ¿Trata bien a sus colaboradores cuando tienen problemas de salud o son despedidos? ¿Trata bien a sus proveedores, especialmente cuando son mucho menores en recursos? ¿Cumple correctamente sus obligaciones? En nuestro país aún son muy débiles marcos de comercio justo, defensa del consumidor o defensa de la competencia, entonces hay aspectos que no siempre son verificables y que no hablan bien de empresarios supuestamente exitosos o extraordinarios.

¿Es el empresario cristiano más perfecto que otros? No necesariamente. Debe tener valores esenciales, impactar positiva y sostenidamente en los demás, tener autocrítica y humildad para buscar reparar lo que ha hecho mal. Todo esto y otras cualidades cristianas no le garantizan ni el éxito ni el reconocimiento.

Por otro lado, el marco legal y las características fiscales de nuestro país suponen que el empresario es una persona a la cual le sobra el dinero. Lo cual eso se da solo en algunos casos, muy pocos, es cierto. El empresario debe invertir en educación, dado que recibe colaboradores de muy precaria formación. A menudo debe colaborar con la salud, dado que los servicios o seguros públicos y privados son limitados. Frecuentemente le llegan colaboradores que ya tienen problemas económicos. Aunque no sean perfectos, debemos aplaudir y apoyar a los empresarios que están dispuestos a impactar positivamente en los demás, y que aunque cometan errores (o sus colaboradores o socios cometan por ellos) están dispuestos a corregir y reparar. Más que nunca el país necesita generación de empleos, inversión privada, reglas claras y duraderas. Respetemos a los visibles, a los que tratan de hacer bien las cosas, a los que empujan hacia adelante siempre y sin dañar a otros.

Que Dios nos ilumine para mejorar las reglas del juego y para aplaudir a los que hacen las tareas correctas.

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