Correo Semanal

El día en que el autor de Mafalda saludó en guaraní

La traductora de los diez álbumes de Mafalda guaraníme relata el episodio en que conoció al gran autor y dibujante. El guaraní es la primera lengua indígena que habla la niña universal de Quino.

María Gloria Pereira
Escritora y docente

Ha partido hacia otra dimensión un grande. Deja un maravilloso legado que le sobrevivirá y seguirá siendo fuente de alegría, reflexión, interpelación y encanto. Nos deja Mafalda políglota y una de sus lenguas, el guaraní.

El día del lanzamiento de los primeros tomos de Mafalda Guaraníme, en Buenos Aires, en el año 2017, conocí personalmente a Quino, quien, al terminar la presentación, pidió conversar conmigo. Yo no cabía en mí misma de la emoción, y nos acercamos junto a él con la editora Vidalia Sánchez. Estaba rodeado de una multitud que lo adoraba.

Cuando me acerqué, emocionada, me dijo “¡gracias!”. Me tomó afectuosamente de las manos y así estuvimos hasta terminar ese breve encuentro. Yo no recuerdo qué le respondí. Mis ojos brillaban de tanta alegría.

–¿Cómo se dice “gracias” en guaraní? –me preguntó.

–Aguyje –le dije, en un hilo de voz.

- ¿Cómo? –me volvió a preguntar.

Le repetí de nuevo la palabra, modulando mejor la voz, sin poder creer en lo que estaba viviendo en ese momento. Con un gesto, me pidió acercarme de nuevo, y me dijo:

–¿No hay algo más fácil? ¿Un saludo?”

–Sí, un saludo general, “maitei” –le dije.

Entonces se dirigió a quienes le rodeaban y les dio un cálido:

–“¡Maitei!”.

Los presentes lo festejaron con un aplauso prolongado y lleno de cariño. Y para mí ese instante se convirtió en el mejor tatuaje de mi alma.

UN PROYECTO OPORTUNO

La traducción de los diez tomos de Mafalda con sus 1.920 tiras fue posible gracias al Proyecto Sur de la Cancillería argentina, que financia la traducción de obras de autores argentinos a otras lenguas.

La editorial Servilibro presentó la idea de la traducción de los libros de Mafalda y la propuesta fue aceptada. Vidalia Sánchez contactó conmigo por teléfono y cuando terminó la última sílaba de su propuesta le dije que sí. Sin dudar, me embarqué en la tarea.

Para entonces, llevaba yo en la tarea de la traducción académica casi dos décadas. Traduciría humor por primera vez y el desafío me llenó de energía.

No podía darse en mejor momento: Paraguay está en un proceso de normalización de la lengua guaraní, cooficial con el castellano desde la Constitución de 1992.

Si bien esta lengua tiene una robusta presencia en la oralidad, su paso a la forma escrita debe aún ser fortalecida, para estar a la altura del nuevo rol que le asignaron constitucionalmente.

El desafío de traducir a Mafalda

Al iniciar la lectura de los materiales para adentrarme en el pensamiento de su genial autor, me di cuenta que los contenidos, propios de la historia común de los latinoamericanos en aquel tiempo en que fue creada la niña Mafalda: dictadura, paz mundial, medio ambiente, derechos humanos, diferencias generacionales, educación, etc., seguían siendo muy actuales y constituían el puente intercultural entre dos lenguas que son muy diferentes en su estructura; el guaraní tenía ante sí privilegio de expresar ideas originadas desde una cosmovisión diferente pero con hablantes que compartieron vicisitudes en una historia reciente.

Los desafíos lingüísticos aparecieron en cada tomo. Hubo de establecer un parámetro para la traducción, basado en la premisa de que lo fundamental es mantener el sentido y aprovechar al máximo el potencial humorístico del guaraní. El guaraní optó por recuperar términos que en muchos casos dejaron de ser de uso cotidiano en las zonas urbanas, pero muy vivos en la generación adulta, sobre todo campesina.

Tampoco se optó por un guaraní demasiado coloquial, porque el castellano de Quino no lo era. Mafalda, que odia la sopa (la sopa líquida, el caldo) pasó a odiar el jukysy. Y tuvo que superar las dificultades surgidas del formato de los textos para no perder su esencia, aun cuando tuviese poco espacio.

Claro, en castellano, para negar bastan dos letras... y en guaraní, ¡ocho! (No - nahániri). Lo mismo sucedía con expresiones del vocabulario familiar. En castellano, “padres” incluye a la madre; en guaraní no hay una palabra que incluya a los dos en una: túva, padre; sy, madre.

Para un guaraní-hablante no es posible aceptar “tuvakuéra” como palabra englobante para padre y madre. Así que, aunque algunos globos resultaron pequeños para la traducción, se hizo el mayor de los esfuerzos por no resignar la esencia de la lengua.

Quino nos regaló a la universal Mafalda y Mafalda habla guaraní, volviéndolo más universal.

(*) María Gloria Pereira (Mburukuja) es docente, escritora y lingüista. Con autorización de Quino, se encargó de traducir al guaraní los diez tomos de Mafalda, publicados en Paraguay por la editorial Servilibro.

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