Opinión

El déficit fiscal permanente es malo

 El tema económico de la semana pasada fue la presentación del estudio realizado por el BID, denominado Paraguay: Rutas para el Desarrollo, donde aparentemente se proponía a nuestro país duplicar el actual déficit fiscal para poder invertir en infraestructura.

Alberto Acosta GarbarinoPor Alberto Acosta Garbarino

Prestigiosos economistas, funcionarios del Gobierno y el mismo ministro de Hacienda descalificaron duramente dicha propuesta, tildándola de irresponsable, descabellada o simplemente impracticable.

Ante esta discusión, en este corto artículo quiero exponer brevemente mi posición con respecto al déficit fiscal y al estudio del BID.

En primer lugar es necesario recordar que el inicio de la era moderna y el vertiginoso crecimiento de los países hoy considerados desarrollados estuvieron basados en las ideas liberales de pensadores como John Locke, en lo político, y de Adam Smith, en lo económico.

Esas ideas proponían otorgar amplias libertades a las personas para emprender, invertir y comerciar, pero dichas libertades solamente eran posibles con un Estado pequeño, poco interventor y con un presupuesto equilibrado.

En la visión liberal clásica, el Estado no debía tener ni déficit ni superávit; simplemente tenía que recaudar lo necesario para cubrir sus gastos… que a su vez eran mínimos.

Cuando llegó la gran depresión en 1929 y las economías liberales se desplomaron y millones de personas quedaron sin trabajo, apareció el economista John Maynard Keynes.

La idea central de Keynes era que el sistema capitalista por su naturaleza tenía ciclos económicos con periodos de expansión y periodos de recesión, y que el rol del Estado era suavizar dichos ciclos.

Para cumplir ese rol, el Estado tenía que tener una política económica anticíclica: en periodos de expansión debía tener superávit fiscal (más ingresos que gastos) para retirar dinero de la economía y evitar que la misma se sobrecalentara; y en periodos de recesión debía tener déficit fiscal (más gastos que ingresos) para inyectar dinero a la economía y facilitar la recuperación.

Keynes era partidario del déficit fiscal en periodos de recesión, pero de superávit en periodos de expansión… con lo que era partidario del equilibrio fiscal al final de ambos ciclos.

Estas ideas de Keynes fueron traídas a la subdesarrollada América Latina, donde el problema de fondo no eran las variaciones del ciclo económico como en los países desarrollados, sino la pobreza y el subdesarrollo.

La populista aplicación de las ideas de Keynes en nuestra región ha llevado a varios países –como Argentina y Brasil– a tener déficit fiscales permanentes, y a financiarlos con deudas hasta llegar al default, o con emisiones del Banco Central hasta llegar a la hiperinflación.

Hasta ahora el Paraguay se ha mantenido al margen de esta irresponsabilidad… pero la presión social para reducir la pobreza, la presión política para ganar votos y la presión empresarial para no pagar impuestos o ser contratistas del Estado nos están empujando cada vez más a seguir el mal ejemplo de nuestros vecinos.

Leyendo detenidamente el informe del BID, no observo una propuesta directa de aumentar el déficit, sino simplemente un ejemplo de los niveles a los que llegaría nuestro déficit si queremos acelerar nuestra inversión en infraestructura.

De todos modos felicito a los economistas y al ministro de Hacienda por salir rápidamente a descalificar cualquier propuesta en esa dirección.

El déficit fiscal permanente es malo y solo puede ser útil para suavizar los ciclos económicos recesivos, como pensaba Keynes.

Ningún país del mundo se ha desarrollado por medio de déficit y de deudas. Todos los países desarrollados alcanzaron ese estado gracias al trabajo duro, al ahorro, a la inversión productiva y a la educación.

Esa norma es y será siempre válida para las personas, para las empresas y para los países.

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