@Encisoclarisa
Hace 30 años, cuando la televisión paraguaya no apostaba por formatos distintos y la publicidad miraba hacia otro lado, El Conejo nació casi a contramano del sistema. Palo Rubin lo recuerda con crudeza y honestidad: Recorrió productoras y agencias de publicidad, pero nadie quiso hacer el programa. Con su esposa, decidió apostar igual. Tenían un ahorro de apenas G. ocho millones. En los primeros tres meses, lo perdieron todo. “Gracias a Dios, seguimos… y fue un boom”, resume hoy, con la serenidad que dan los años y el respaldo del público.
liderazgo que no se negocia. Desde su horario histórico de las 21:00, El Conejo se mantiene como líder de audiencia, con cifras que hablan por sí solas. En los últimos tres años, el programa registró un promedio de 42% de share, con picos que alcanzaron el 69%, un número contundente en la televisión actual. “De cada diez televisores, siete nos están viendo”, explica Rubin.
Lo que comenzó como un espacio fuerte en los sectores populares, hoy atraviesa todas las capas sociales. El Conejo es líder en estratos bajo, medio y alto, y en prácticamente todas las edades. “Eso no se logra con una sola cabeza pensando”, afirma.
Para el conductor el secreto nunca estuvo en fórmulas mágicas ni en imponer una idea personal. “El punto es escuchar”, insiste. Escuchar al público, al equipo joven de producción, a su esposa, a sus hijos. “Eso hace que el programa sea real, no una idea encerrada en la cabeza de una sola persona”.
Esa apertura permitió que El Conejo evolucione sin perder identidad, manteniéndose cercano, auténtico y profundamente humano.
historia familiar. Treinta años después, el impacto del programa va más allá del rating. El Conejo se convirtió en parte de la vida cotidiana de generaciones enteras.
“Nos vieron niños y niñas que hoy nos miran con sus propios hijos”, dice Rubin con emoción, al mencionar una continuidad pocas veces vista en la televisión paraguaya.
También destaca el rol fundamental de Telefuturo, canal clave en los últimos 20 años de esta historia, acompañando y sosteniendo un formato que se volvió emblemático.
Cada semana, más de 120 personas llegan desde distintos puntos del país e incluso ciudades fronterizas para mostrar su talento en el programa. Esa apertura al interior y a la diversidad cultural son pilares que mantienen vivo al ciclo.
En paralelo, El Conejo vive una nueva etapa en el mundo digital. Con una fuerte presencia en redes sociales, el programa dio recientemente “un gran salto” al sumar una agencia digital con la mirada puesta en conquistar nuevas audiencias sin perder a las de siempre.
Cuando se le pregunta qué lo sigue motivando después de tres décadas, Palo no duda: Su familia, el agradecimiento a Dios y la gente. “Son demasiadas bendiciones”, afirma y para finalizar aseguró que, si tuviera que definir El Conejo en pocas palabras, elige dos que lo resumen todo: Amor incondicional.