Por Lucho Alvarenga
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La vigente ley 3.191 prohibe y castiga con multa y pena privativa de libertad la extracción y el comercio del dorado hasta el 2012. Sin embargo, la negligencia o complicidad de las instituciones encargadas de velar por su cumplimiento convirtieron a la normativa en letra muerta.
Esta es la realidad del caso que pudo demostrar una investigación de ÚH y Telefuturo, a partir de denuncias recibidas sobre el comercio ilegal del dorado, también conocido como el tigre del río, y muy apreciado como presa deportiva y manjar.
El trabajo de campo, iniciado hace un mes, consistió en un recorrido por pescaderías de zonas ribereñas del Área Metropolitana, como también de la capital.
PRIMERA PARADA. Con billetes como “carnada” para capturar dorados prohibidos y demostrar el comercio ilícito, iniciamos el periplo en la pescadería del mercado de San Lorenzo. Los informes recabados daban cuenta de que en este lugar bajan semanalmente 500 kilos de dorado de todos los tamaños; incluso, los que no cuentan con medida reglamentaria.
La mercadería ilegal es enviada como encomienda a través de empresas de transporte público desde las zonas de acopio.
La venta se realiza con cierta cautela. Fuimos preguntando en los locales hasta encontrar uno que sí tenía dorado para la venta. Luego de la negociación breve, cerramos el trato a 30 mil guaraníes el kilo. El ejemplar pesaba tres kilos.
RÁPIDO Y FÁCIL. El recorrido de compra continuó al día siguiente por el Mercado Nº 4, donde también pudimos adquirir un dorado a 35 mil guaraníes el kilo.
Entusiasmados con la facilidad y rapidez para obtener las pruebas del comercio ilegal del tigre del río, buscamos otras pescaderías.
Probamos “suerte de pesca” en el municipio de San Antonio. La jornada resultó también fructífera. Una pescadería ubicada en pleno centro de la ciudad estaba ofertando pescados en grandes conservadoras; entre ellos, dorados de distintos tamaños. En dos etapas, compramos dos ejemplares de tres kilos cada uno, a 30 mil guaraníes.
El recorrido de compra se coronó en la zona de pescaderías de Mariano Roque Alonso. Aquí hubo cierta cautela y desconfianza de las vendedoras. No obstante, pudimos adquirir un dorado a 35 mil guaraníes el kilo.
La pescadería del Mercado de Abasto fue la única que no tenía dorado para la venta.
La pruebas desnudan la inexistencia de control por la Secretaría del Ambiente (Seam) y el Servicio Nacional de Calidad y Salud Animal (Senacsa), a fin de combatir el ilícito.
CONFIANZA Y CAUTELA
Durante el recorrido por las pescaderías para comprar los ejemplares de dorado, las reacciones de los vendedores, por lo general, fueron de cautela, en principio.
“Yo no vendo dorado, eso está prohibido. Tengo lindo puchero de surubí. También mandi’i, patrón”, nos respondió la vendedora del primer puesto consultado.
En otros sitios también dieron la misma respuesta negativa y que no estaban dispuestos a riesgo alguno con la venta del pescado.
Pudimos encontrar finalmente el puesto donde, calladamente, “confesaron” que tenían dorado en stock.
La vendedora rápidamente fue hasta la congeladora con gruesos candados. Al abrir, observamos una buena cantidad de dorados de buen porte, congelados a la espera de ser vendidos.