Olimpia sigue viviendo días de pesadillas, de impotencia y de enorme decepción.
Volvió a perder, esta vez a manos de Guaraní que aprovechó muy bien los errores defensivos del Decano, como los cometidos por el árbitro, Antonio Arias. Este tuvo una noche desafortunada porque sus decisiones influyeron en el resultado final y en mayor grado favoreció al ganador.
Ni la presencia de una gloria del club debutando en el banco, como lo es Ever Hugo Almeida, pudo impedir que el Bosque de Para Uno pareciera una caldera al concretarse la derrota ante el aborigen.
La expectativa generada por la llegada de Almeida convocó a miles de olimpistas -los aurinegros también acudieron en buena cantidad- que se ilusionaron con ver un equipo ganador. El ambiente inicial fue excelente: aplausos para el DT, hijo mimado del club; aliento desde las gradas, cánticos alentadores.
Olimpia tuvo ráfagas de buenos momentos en el arranque en el que Lazaga y Pautasso -en gran tapada del portero Joel Silva- acariciaron el tanto. Los errores de Arias comenzaron a generar los primeros nervios. Le perdonó la expulsión a Ángel Ortiz y no amonestó al central Joel Benítez. El Cacique también tuvo un par incursiones y en una de ellas Paredes sacó la pelota sobre la raya. Pero el desbande decano vino en la complementaria. Cadena de errores entre el golero José Ramírez y el dubitativo Martín Pautasso que fue aprovechada por Julián Benítez, que se hace verdugo del Olimpia marcando sin problemas. 3 minutos después, Arias ratifica su mala noche al equivocarse nuevamente. Pitó un penal inexistente porque el defensor César Zayas fue a la pelota y no al hombre de Guaraní (Benítez) quien fue al piso. Jonathan Fabbro transformó el penal en gol para liquidar el pleito. Olimpia no tuvo resto físico, futbolístico ni anímico para reaccionar. A partir de allí, el aborigen tocó el balón y hubo hasta olé y con la hinchada franjeada despotricando contra su propio equipo. Lo que había comenzado como un hermoso romance terminó con gritos desaforados e insultos de todos los colores.
JONATHAN FABBRO
Sin estar en óptimas condiciones físicas a causa de una lesión fue la manija de su equipo. Jugando a media máquina distribuyó el fútbol con categoría, encontrando siempre la manera de estar desmarcado. Marcó el segundo gol, de penal, con su jerarquía acostumbrada.