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El babygol de hace un siglo

 

En Alberdi y Presidente Franco, hace cien años, funcionaba la redacción de El Diario, el periódico que el político Eduardo Schaerer, el periodista Adolfo Riquelme y el escritor Gualberto Cardús Huerta fundaron en 1906. Hacia 1921, en pleno centro de Asunción su edificio era un bullente punto de divulgación de noticias y editoriales políticos, en los calientes preparativos de la guerra civil que se desataría un año más tarde, hundiendo al país en la miseria.

Esa esquina en donde hoy el Teatro Municipal está vacío, el 9 de octubre de 1921 borbotaba de gente. Estaba allí aglomerada ese día a la espera de que un informante saliera de las oficinas de El Diario y anotara en la pizarra de su fachada las incidencias del partido de fútbol que, en ese preciso momento, se jugaba en Buenos Aires, en el Sportivo Barracas, a orillas del Río de la Plata. Era el primer juego que ponía, oficialmente, a una selección de jugadores nacidos en Paraguay enfrente de un representante de otro país. El primero que disputaban los paraguayos en la centenaria historia de la Copa América que ganó dos veces.

Hasta aquella tarde, los partidos más importantes que había jugado un combinado nacional contra un similar extranjero habían sido los cuatro amistosos contra Argentina que, todos en Asunción, tuvieron lugar en 1919 (dos de ellos) y 1921 (los otros dos). Si un par de años antes habían sido derrotas, en las vísperas del debut continental se logró un empate y luego la primera victoria contra la albiceleste. Lo que habla de un rápido crecimiento del equipo capitaneado por el cerebral y físico Manuel Fleitas Solich.

Un pibe goleador. Según Julio César Maldonado (Historial del fútbol paraguayo, 1965), Gerardo Rivas no figuraba siquiera en la preselección del equipo que debutaría contra el poderoso Uruguay del delantero José Piendibene, pero gracias a sus fulgurantes actuaciones con el Libertad campeón de 1920, el imberbe de 16 años fue convocado para partir del puerto de Asunción en un buque rumbo al de Buenos Aires. El más joven desde entonces en haberse estrenado con la albirroja puesta, fue protagonista de uno de los momentos más insólitamente épicos de la competencia de la Confederación Sudamericana de Fútbol, al tiempo de ser el delantero más joven en marcar un gol en la historia de la Selección.

Iban 8 minutos del partido, cuando el habilidoso Ildefonso López habilitó a Rivas que, eludiendo al entrar al área a dos rivales, “fusiló a Casella”, según describe Miguel Ángel Bestard en Paraguay: Un siglo de fútbol. El público argentino que había abarrotado Barracas, e hinchaba por Paraguay en su añeja rivalidad contra Uruguay, ocupó la cancha al ver el golazo del carasucia paraguayo. En una muestra de felicidad inopinada, levantó en andas al goleador y lo paseó por el gramado. El partido se suspendió por varios minutos, pero poco más de una hora antes de esta locura provocada por el gol de un pibe, un controlador lo había detenido a la entrada del club bonaerense, incrédulo de que se tratara de uno de los futbolistas. “Basta, los paraguayos ya metieron muchas mascotas”, espetó el hombre, según cuenta en una crónica el periodista argentino Jorge Barraza, biógrafo de Arsenio Erico. “Yo no soy mascota, señor… soy el wing izquierdo, me llamo Gerardo Rivas”, respondió. Cuando certificaron que decía la verdad, lo dejaron entrar.

Mientras tanto, a casi dos mil kilómetros, un hombre salía del periódico de Alberdi y Presidente Franco y, con una sonrisa dibujada en la cara, se puso a escribir en la pizarra lo que le acababa de informar un cable de la Agencia Sudamericana: “Gol paraguayo, Rivas a los ocho minutos”. Pueden imaginar el inédito júbilo de hace cien años, acumulado en dicha esquina. A pesar de que en los siguientes partidos contra el local y Brasil se mordería allí mismo el polvo de la derrota, se le había ganado a Uruguay.

Jugador de selección. Luego de aquella hazaña, Rivas se convirtió en jugador de Selección, en su primer gran y joven ídolo. En la Copa América del año siguiente, marcaría otra vez en el debut, en esta ocasión contra el local Brasil en el empate 1-1. Luego de ganar su segundo partido seguido (3-0 a Chile) y de volver a ganarle a Uruguay, se demostró que Paraguay se había convertido ya, de la mano de Rivas y Fleitas Solich, en un intrépido animador del torneo del que no había que descuidarse. Aquella vez solo un desempate con el local Brasil lo dejó en segundo lugar.

En 1923, curiosamente, de los tres partidos que Paraguay disputó, solo ganó contra Brasil 1-0. Contra Argentina y otra vez en el debut, Rivas marcó en el 4-3 a favor de los locales.

En los años siguientes, ya con Aurelio González en el equipo, Paraguay aumentó todavía más su nivel en un fútbol sudamericano que crecía rápidamente hacia la primera copa del mundo. En un amistoso por la Copa Chevalier jugado en Asunción en 1924, luego de que Rivas marcara el primero contra Argentina, el histórico arquero Américo Tesorieri se cansó de gritar durante el resto del juego: “¡Marquen al pibe ese, no lo dejen libre!”. Rivas tenía apenas 19, ya tenía experiencia y seguía siendo un pibe. Paraguay ganó 2 a 1 en Sajonia aquella vez y, con el triunfo, la Copa. El segundo gol lo hizo Fleitas Solich. El hombre de teatro Roque Centurión Miranda era titular en ese equipo.

Entre 1921 y 1926, Rivas jugó 36 partidos con la camiseta paraguaya e hizo 12 goles. Hasta sesenta años después, nadie más que Julio César Romero y Saturnino Arrúa lo superaban en marcaciones. Su nombre todavía hoy integra los primeros lugares de la lista de mayores anotadores.


Se fue muy joven
A fines de la década del 20 era obvio que Rivas recaería en el fútbol argentino. Primero jugó en el Atlético Rafaela de Santa Fe, pero en donde brilló y se arraigó fue en otra ciudad de la provincia de Buenos Aires: Rosario. En Central jugó cuatro temporadas hasta 1932. Nada más llegar entró en cancha en 12 ocasiones e hizo 7 goles. En 1930, fue el autor del primer gol de Rosario Central en la era profesional. Afincado en tierra rosarina, estuvo siempre relacionado con el canalla: Babacho, como le decían por utilizar mucho esa palabra, dirigió en las formativas y en cuatro ocasiones de forma interina el primer equipo. Entre 1947 y 1948, tuvo su periodo más largo y también dejó huella: Eliminó a Newells de la Copa Británica.

El Dato
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son los años que tenía Rivas cuando salió campeón con Libertad

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