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El amor y la cruz

 

Hoy meditamos el Evangelio según San Mateo 16, 24-28.

Negarse a sí mismo significa renunciar a ser uno el centro de sí mismo.

El único centro del verdadero discípulo solo puede ser Cristo, a quien se dirigen constantemente los pensamientos, los afanes, el quehacer ordinario que se convierte en una verdadera ofrenda al Señor.

Cargar con la cruz indica que se está dispuesto a morir. El que coge el madero y lo pone sobre sus hombros acepta su destino, sabe que su vida terminará en esa cruz. Tomar la cruz expresa una decisión resuelta, indica que estamos dispuestos a seguirle, si fuera preciso, hasta la muerte, que queremos imitarle en todo, sin poner límite alguno. Para seguir a Cristo hemos de identificar nuestra voluntad con la suya, que tomó con decisión el madero y lo llevó hasta el Calvario, donde se ofrecería a Dios Padre en una oblación de valor y amor infinitos.

Si alguno quiere venir en pos de mí. Nada en el mundo deseamos más que seguir a Cristo de cerca; ninguna otra cosa, ni la propia vida, amamos más que esta: Identificarnos con él, hacer nuestros sus deseos y los sentimientos que tuvo aquí en la tierra. Estamos junto a él no solo cuando todo nos va bien, sino también al aceptar con paciencia las adversidades, contentos de poder acompañarle en su camino hacia la cruz, uniendo nuestros sufrimientos a los suyos.

Al terminar hoy la meditación sobre las palabras de Jesús: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sigame, le decimos en la intimidad de nuestra oración: Dame, Jesús, cruz sin cirineos. Digo mal: Tu gracia, tu ayuda me hará falta, como para todo; sé tú mi cirineo. Contigo, mi Dios, no hay prueba que me espante.

El papa Francisco a propósito del evangelio de hoy dijo: “No se trata de una cruz ornamental, o de una cruz ideológica, sino que es la cruz del propio deber, la cruz del sacrificarse por los demás con amor –por los padres, los hijos, la familia, los amigos, también por los enemigos–, la cruz de la disponibilidad para ser solidarios con los pobres, para comprometerse por la justicia y la paz. Asumiendo esta actitud, estas cruces, siempre se pierde algo. No debemos olvidar jamás que “quien perderá la propia vida (por Cristo), la salvará”. Es un perder para ganar.”

(Frases extractadas de http://www.homiletica.org/francisfernandez/franciscofernandez0356.htm y http://es.catholic.net/op/articulos/27081/cat/331/el-que-quiera-venir-conmigo-cargue-con-su-cruz.html#modal).

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