Por Susana Oviedo
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Monseñor Blas Ismael Rolón Silvero (96) fue la figura más emblemática de la lucha contra la dictadura de Alfredo Stroessner (1954-1989), por las posturas que asumió tanto como primer obispo de Caacupé como en su carácter de arzobispo de Asunción (1970-1989).
Sin embargo, su muerte producida cerca de las 21.30 del martes, en el sanatorio San Roque, a juzgar por el velatorio cumplido ayer de mañana en el santuario María Auxiliadora y desde la tarde en la Catedral de Asunción, no provocó una masiva reacción de congoja ni de consternación ante la partida de tan destacada personalidad.
Alguien que con su coraje y defensa inclaudicable de los derechos humanos fue socavando con firmeza, paciencia y valentía el largo y sanguinario gobierno encabezado por el general Alfredo Stroessner.
Su trayectoria de vida y el impacto que generó en esa dura etapa de la historia reciente del país no son conocidos por las nuevas generaciones.
De hecho, la dictadura misma no es un tema abordado con suficiencia ni por la educación formal ni por las instituciones políticas y sociales, como se constató en el 2008, con la tibia reacción ciudadana al producirse la muerte del dictador. Entonces, el Partido Colorado inclusive dedicó un minuto de silencio a Stroessner.
Los niños y jóvenes, afectados por ese manto de olvido, desconocen los horrores de esa época, así como las heroicas acciones protagonizadas por figuras como monseñor Rolón.
Quizá por eso, ayer, los profesores de instituciones educativas salesianas instruían a sus alumnos sobre quién era Ismael Rolón, antes de que estos ingresaran a acompañar el cuerpo presente del arzobispo emérito en el santuario de María Auxiliadora.
ACCIONES. El entonces arzobispo de Asunción, entre otras medidas, rehusó integrar el Consejo de Estado, instancia política que legitimaba las actuaciones del Gobierno, y de la que el arzobispo era miembro nato, por mandato constitucional. También excomulgó al más temible de los hombres de Stroessner, Sabino Augusto Montanaro, ministro del Interior, y fue uno de los primeros obispos en visitar las comisarías y la cárcel de Emboscada, llenas de presos políticos, hacinados en condiciones infrahumanas.
Los comunicados suyos hablaban de libertad y del respeto a la dignidad.
Sus procesiones del silencio convocadas contra los abusos del régimen buscaban quebrar el miedo instalado por el Gobierno, y fue otra de las formas de protesta pacífica contra la tortura, la censura, las desapariciones y la falta de libertad que imperaban por esa época.
Legados valiosos que los jóvenes del país merecen conocer para apreciar en su real dimensión a personas como monseñor Rolón.
SU PERFIL
Ismael Rolón nació en Caazapá en 1914. A los 13 años ingresó al Seminario Salesiano del Manga (Uruguay). El 23 de noviembre de 1941 se ordenó sacerdote.
Fue director del colegio Monseñor Lasagna y párroco de la iglesia María Auxiliadora. En 1960 fue nombrado prelado de Caacupé, localidad que seis años después se erigió en diócesis y él, nombrado su primer obispo.
El 16 de junio de 1970 fue promovido como arzobispo de Asunción y tomó posesión el 19 de julio del mismo año. Cargo que desempeñó hasta 1989, año en que renunció por haber cumplido 75 años, edad requerida para la jubilación. Como arzobispo emérito siguió atento la realidad del país, desde el inicio de la transición democrática, a través de columnas de reflexión, tituladas Desde mi Oasis. Como un aporte a la sociedad, escribió además sus memorias publicadas en varios tomos.