Sr. Director. Con mucha indignación y tristeza me he enterado de la “visita” de un tal señor Jim Shockey, oriundo de los EEUU, quien se dedica a recorrer el mundo asesinando animales silvestres y luego los muestra en un programa de TV. Se nota que detrás de él se mueve mucho dinero, le respaldan muchas empresas dedicadas al rubro de la cacería, venta de armas, proyectiles, cuchillos y no sé qué cosas más.
Para mí es una aberración, hoy en día, estar promocionando la matanza de inocentes animales silvestres por el solo hecho de divertirse con ello. Es más, considero un acto de personas con graves problemas de conducta y hasta me animaría a decirlo, personas con un desequilibrio emocional, rayando la perversión, pues se regocijan con esta actividad. ¿Qué ejemplo podemos dar a nuestros hijos?
Y veo que este Mr. Shockey vino al Paraguay, consiguió no sé qué permiso de la Secretaría del Medio Ambiente y salió a matar cuanto bicho silvestre encontró a su paso. En su blog, el hombre muestra orgulloso el producto de su matanza. En una foto él se muestra junto a un ejemplar de un carpincho, y como comentario pone “la rata más grande de Sudamérica”, después se lo ve junto a otras especies de animales asesinados; un mboreví, un ñandú, charatas, tatú bolita, yacaré, pecarí de collar (tañicatí), un venadito, un zorro, etc. En todas las fotos donde exhibe orgulloso el producto de su matanza, pone comentarios burlones, sin siquiera respetar el nombre del pobre animal. Si esto es una cacería con fines didácticos o científicos, que alguien me lo demuestre.
Otra punto indignante que se puede observar en su blog es cuando, luego de divertirse matando un búfalo de agua (no sé qué gracia tiene matar con un rifle a un animal doméstico), toma fotos en el momento que reparte la carne a un grupo de indígenas. Lo más grave de todo es que, según la noticia, la Seam le concedió una “licencia para matar” pero no tuvo la responsabilidad de acompañar al depredador para ver qué mataba y controlar que no se pase. ¡Es indignante!
Hace poco un diputado nacional fue capturado por componentes de un pueblo originario por matar un tatú dentro de su territorio sin el permiso de ellos. El diputado, que fue descubierto por casualidad y denunciado gracias al coraje de esas personas, fue imputado y sigue su proceso. Anteriormente, un ciudadano boliviano subió al facebook fotos de animales silvestres cazados y fue imputado. Y viene una persona de afuera, con todo su equipo de matanza, paga y obtiene un permiso para ir a asesinar cuanto animal silvestre encontró, algunos en vías de extinción, ¿solo porque se le da la gana y lo puede hacer?
En nombre de muchos compatriotas que se identifican con la defensa de los últimos ejemplares de fauna y flora de nuestro país, exijo que las autoridades responsables sean castigadas con todo el rigor de la ley y que aclaren a la ciudadanía en qué condiciones se le otorgó el permiso al depredador. Y que nunca más se permita este tipo de atrocidades en nuestro país.
Rogelio J. Ocampos
Ecologista