CARACAS
La “esquizofrenia” del discurso del gobierno interino de Venezuela navega entre un fuerte rechazo a la intervención extranjera tras la captura de Nicolás Maduro y una apertura a la administración de Donald Trump.
Este “doble discurso”, según analistas, busca la permanencia de Delcy Rodríguez en el poder.
En las principales vías de Caracas abundan vallas propagandísticas que exigen el regreso de Maduro y su esposa, Cilia Flores, ambos presos en Nueva York acusados de narcotráfico.
“Bring them back” (“Tráiganlos de vuelta”) se ha convertido en un eslogan oficial dirigido a los captores de esta pareja en una incursión militar estadounidense el 3 de enero. La propaganda se instaló rápidamente.
Los militares se declaran “revolucionarios, socialistas, antiimperialistas y, hoy más que nunca, profundamente chavistas”, una doctrina heredada del fallecido presidente izquierdista Hugo Chávez (1999-2013).
La Fuerza Armada expresa su respaldo a Rodríguez y, como dice la canción, pide además a Maduro y Flores “de vuelta” en Venezuela. Ante las cámaras, el liderazgo chavista muestra una posición férrea contra Estados Unidos por la captura de Maduro, pero los hechos dicen lo contrario.
El gobierno interino ha tomado decisiones a la medida de Estados Unidos, que dice controlar el país caribeño y su industria de hidrocarburos.
NARRATIVA CONTRADICTORIA. La agenda incluye una reforma petrolera, una ley de amnistía, excarcelaciones de presos políticos y promesas de reforma judicial. “Va rápido, muy rápido si pensamos que la operación estadounidense tuvo lugar hace apenas un mes”, comenta una fuente diplomática.
La reciente visita del secretario de Energía estadounidense, Chris Wright, termina de contradecir la narrativa antiimperialista y más bien anticipa una relación bilateral positiva.
“Es un gobierno que tiene que fingir cierta continuidad, o cierto continuismo”, explica la analista Colette Capriles, profesora de la Universidad Simón Bolívar.
“Tiene que fingir y adelantar la idea de que es en verdad el heredero de Chávez y Maduro, del chavismo”, añade.
El gobierno gestiona un equilibrio delicado porque “la era Chávez-Maduro se cerró” después del 3 de enero, considera Capriles. Y bajo esa premisa, es razonable que se mantenga un “doble discurso”, afirma.
Para la analista, Rodríguez tiene como prioridad la continuidad política, que espera consolidar con la mejora de las condiciones económicas que propiciará la nueva relación con EEUU. “Delcy Rodríguez y su hermano Jorge Rodríguez (presidente del Parlamento) están efectivamente interesados en hacer cambios, sobre todo económicos, que permitan la entrada de capitales, levantamiento de sanciones, que es una fórmula también a la que ellos apuestan para mantenerse en el poder a largo plazo”, señala el sociólogo Antulio Rosales.
El también profesor de la Universidad York de Toronto sostiene que el gobierno busca tanto el apoyo de EEUU, como fuerza en sus bases. “Es encontrar en la unidad la forma más clara de sobrevivencia”, insiste.
El reclamo de la liberación de Maduro es un elemento unificador vital para la propaganda, pero el gobierno interino no apunta realmente a eso, según Rosales.