12 abr. 2026

Discursos y cambios vacíos

Susana Oviedo – soviedo@uhora.com.py

En esta época de electoralismo a todo vapor, en que se mezclan antiguas prácticas de campaña proselitista, como las visitas casa por casa, con nuevas formas de darse a conocer por parte de los candidatos, si uno presta atención, encontrará algunas coincidencias fabulosas que deberían motivarnos a los potenciales electores a formularles preguntas.

En sus discursos, tarde o temprano, los postulantes a cualquiera de los cargos electivos en juego en las próximas justas electorales de abril hablan de cambios. Cada dos frases, y aparece la palabra cambio, como una meta infranqueable. Como un todo con sabor a nada.

¿Qué cambiarían? ¿Cómo y para qué? ¿Cuándo y cuánto cambiarán? ¿A qué están dispuestos a jugarse para cambiar qué aspectos?

Con qué ligereza y facilidad hablan de algo que en realidad no tienen siquiera pensado, y mucho menos desarrollado. Me encantaría saber, por ejemplo, qué acciones urgentes realizarían de resultar electos diputados, senadores, gobernadores o presidente de la República. ¿Saben realmente qué cambios anhelan sus connacionales?

Otro clásico de estos tiempos electorales es la frase: “Queremos un país mejor”. La expresan oficialistas y opositores. Aspirantes y experimentados políticos. Pero ¿qué significa pretender un país mejor, además del reconocimiento explícito de que el que tenemos actualmente no lo es?

No faltan las famosas adhesiones a la transparencia y a la honestidad, como piedra angular de la gestión que prometen realizar. Y suena tan vacío, considerando el contexto de turbiedad que caracteriza a la administración del Estado paraguayo.

Los compatriotas campesinos organizados tienen incorporada la fabulosa disciplina del hesa’yijo (analizar) para entender la Constitución Nacional, las leyes, los discursos, etc., como camino para comprender los derechos, las obligaciones o los documentos que explican la realidad.

Desgranan palabra por palabra para comprender el todo a través de las partes. Son admirables en este esfuerzo intelectual y de ciudadanos que quieren conocer bien su entorno.

Si se aplicara lo mismo frente a cada candidato que se presenta en los recorridos por los barrios, en las visitas casa por casa o cuando gritan sus discursos desde las aparatosas tarimas partidarias, podría obligárseles a que piensen mínimamente en otorgar algún contenido a sus frases clichés y sus pregones de cambio que, ya saben, se llevan el viento.