¿Qué representa un juguete? Nadie nunca se preguntó esto de pequeño al tomar un camioncito, una pelota o un soldadito. Tampoco se indagó mucho años después, cuando por cuestiones de edad (¿quién determina cuándo hay que dejar de jugar?), los juguetes quedaron olvidados o pasaron a otras manos. Solo importaba jugar y nada más.
Pero ya que estamos en el juego, hablemos de ello. Según describe la psicóloga y directora ejecutiva de Servicios Sicológicos de Apoyo a la Familia y la Escuela (Ssafe) Diana Lesme, un juguete es un objeto de cualquier tipo que cumple la función de dispositivo para transmitir lo que el niño siente y piensa. A través de él mediatiza la realidad, con su correspondiente dosis de imaginación.
“Los juguetes posibilitan el juego, el medio de expresión natural del niño. A través de este objeto, van adquiriendo una posición en su mundo y la manera de vincularse con los demás, especialmente con las personas significativas para él o ella. El juego fomenta la autoestima y potencia la imaginación. También ayuda a contrastar la fantasía con la realidad, permitiendo a los pequeños tolerar la frustración e ir incorporando los códigos de la socialización, posibilitando además que vayan fortaleciendo su Yo”, detalla Lesme.
¿Qué regalar?
Los padres deben conocer bien a su hijo/a para saber qué juguete le obsequiarán, sugiere la psicóloga. Otro factor a considerar es la edad y las características propias de cada etapa. La elección tiene mucho que ver con los valores socioculturales y familiares, sus realidades y los recursos que existan. “Recordemos que cualquier objeto o actividad puede ser un juguete, no hace falta que sea caro ni complejo. Caminar, correr o deambular son actividades lúdicas que no requieren de juguetes concretos. Un espacio amplio y sin potenciales riesgos es suficiente para jugar”.
Generalmente, los juguetes que se compran en los comercios tienen impreso en alguna parte para qué edad son recomendados. En su libro Creciendo con tu bebé. Del nacimiento a los 36 meses, escrito por Diana Lesme en coautoría con Mónica Basualdo, se menciona que el primer juguete del niño es su propio cuerpo, sus manos, pies y luego el cuerpo de su madre o su cuidador primario. Agrega que es importante incorporar objetos sobre los cuales pueda ir construyendo realidades, a partir de sus necesidades, imaginación y recursos.
Según la edad
En su obra, la profesional recomienda que durante el primer año de vida los juguetes sean materiales de superficie blanda, de texturas agradables, de tamaño mediano o grande, no pequeños. Un almohadón puede ser usado como una pelota. En el segundo año de vida se puede utilizar ese mismo almohadón para jugar al está y no está (juego de escondidas cubriendo una parte del cuerpo). Los juegos de mesa son importantes hacia los siete años, cuando el niño y la niña comienzan a fortalecer su Súper Yo. En esta etapa pasan a internalizar el funcionamiento de los límites, lo que se puede y lo que no.
Desde su análisis, los juegos de mesa recuerdan al infante que en el mundo real hay normas que tienen que ser cumplidas. Con ellos ejercitan sus capacidades de tolerancia a la frustración y a incorporar que no todo lo que ocurre en lo social será siempre lo que uno quiera ni necesariamente se dará en el momento en que lo desee.
Tiempos modernos
Cada vez son más lejanos los tiempos en los que entretenerse significaba jugar al fútbol en el barrio, a la pelota muerta, saltar la cuerda o al tuka’ẽ kañy. El trompo, la balita y otros entretenimientos están en vías de extinción. Su lugar ha sido copado por los nuevos juguetes electrónicos. La psicóloga recomienda que tanto adultos como niños combinen los juegos clásicos con los que propicia la tecnología.
“Es conveniente que el niño despliegue sus potencialidades al jugar, sobre todo las sociales. En los juegos electrónicos no se fomenta mucho la relación con el otro. Eso de tratar de entender qué jugada hará la otra persona para prever la propia. Los tiempos propios de la tecnología digital son también distintos a los tiempos presenciales. Eso no ayuda a los niños a desarrollar esas potencialidades. Existen situaciones que jugando ayudan para aprender cómo funciona el principio de realidad en la convivencia social”, señala Lesme.
Entre las ventajas que presentan los entretenimientos electrónicos, menciona que ayudan a los niños en el desarrollo de sus habilidades cognitivas y sensoriales, la asertividad y el sentido de oportunidad.
Como se ve, todo es cuestión de saber aplicar las reglas del juego para que la infancia y la creatividad sigan siendo piezas claves en el desarrollo infantil.
Los más buscados
Una consulta a los encargados de varios comercios donde se venden juguetes, pinta un panorama de qué se elige a la hora de agasajar a los más pequeños. En Miramar los juguetes didácticos temáticos y de construcción siguen estando en el gusto de los compradores, como ocurre desde hace generaciones. También los juegos de mesa, como El Banquero, son muy requeridos, cuenta Dipna Ríos, encargada de Ventas. En Casa Paraná hoy siguen al frente las pelotas, los triciclos, las muñecas y otras variedades más tradicionales, dice la vendedora Mariela González.
En Unicentro, los juguetes alusivos a personajes de la televisión y el cine, como Peppa la cerdita, Dora la exploradora, los superhéroes y demás tienen altísima demanda, aporta Laura Benítez, vendedora del área.
Texto: Carlos Elbo Morales /Foto: Fernando Franceschelli.