Por Marisol Ramírez | mramirez@uhora.com.py
“Me siento muy feliz con lo realizado, sobre todo, como formadora de maestros de danza”, comenta la profesora superior de danza paraguaya y española, y docente de educación primaria.
Vinader se inició en el ámbito de la danza con su hermana Zully cuando tenía 12 años, pero culminó sus estudios con Gilda Ruiz de Segovia. “Con ella (Gilda) hice mis últimos años, y tomé esa decisión para que no digan que me recibí por ser alumna de mi hermana”, señala entre risas.
En 1974, un año después de finalizar su formación, abrió su academia reconocida por el Ministerio de Educación, e inició una fructífera carrera como bailarina y docente. “Con mi hermana Zully bailábamos de lunes a lunes, en restaurantes y eventos. Uno de los lugares más populares de la época era La Calandria (sobre Gral. Santos). Todas las noches teníamos público”, recuerda.
INICIOS. “Casi todos mis hermanos somos artistas por estímulo de papá. Zully, Elizabeth, César y yo tenemos prolíficas academias, y Nito enseña malambo. Papá nos enamoró del arte”, cuenta Petronita.
Enfatiza que del arte se puede vivir. “Ese comentario que del arte no se vive es mentira; sí se puede. Mis hermanos y yo vivimos del arte, en mi caso, hace cuatro décadas. El secreto es amar lo que uno hace, capacitarse y enfocarse en ello”, dice, quien formó a profesionales hoy reconocidos como Natalia Ramos, Rocío Rolón, Karina Caro, Norita Rodríguez, entre otros.
Vinader pudo combinar sus estudios de magisterio y danza, dedicarse a enseñar en forma particular a estudiantes de primaria, además de hacerlo en su academia –la cual construyó con ayuda de su padre– así como formar una familia. Hace 9 años también dirige una sucursal en Loma Plata, Chaco. Al recordar aquellos años, señala: “Eran otros tiempos, no habían tantos distractores y entretenimientos. Apenas había un poco de cine, y fiestas de clubes y colegios en fechas especiales...”, añade.
VIAJES. Entre las experiencias más gratificantes que Vinader resalta en estas décadas, figuran los viajes en representación del país a través de la danza folclórica. “Nuestros bailes típicos son muy valorados en el exterior, sobre todo, las danzas de la botella o el cántaro. Con la danza paraguaya viajamos a Israel, Egipto, Sudáfrica, y otros países, participando en conmemoraciones y festivales internacionales”, explica.
Petronita Vinader señala que siempre llegan invitaciones, pero que a veces son los músicos los que no tienen recursos para solventar el viaje, lo que generalmente es financiado por los propios artistas. “Es un requisito llevar a una banda folclórica para las presentaciones”, subraya.
actualización. Acerca de cómo observa la situación de la danza en el país, señala la necesidad de insistir en la capacitación. “Nosotros nos destacamos en danza española, según los extranjeros. Lo que falta es que los profesionales tomen conciencia de que la actualización y la capacitación permanente son fundamentales, sobre todo, en clásico y contemporáneo”, remarca.
Finalmente, recomienda para la danza, “disciplina férrea”, y para enseñar, “mucha paciencia y tolerancia”.