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Debe haber mucha prudencia para seguir el endeudamiento

Un reciente informe del BID que recomienda el aumento del déficit público y la posibilidad de mayor endeudamiento generó comentarios adversos. A pesar de identificar las debilidades del modelo económico y de la institucionalidad pública, sus recomendaciones no consideraron suficientemente los riesgos existentes a largo plazo, incluidos en su propio diagnóstico y sobre los cuales hay un relativo consenso, tanto de referentes nacionales como de organismos internacionales. El desarrollo de Paraguay requiere un amplio acuerdo sustentado en la evidencia empírica, incorporando la complejidad que requieren los cambios estructurales y de largo plazo.

La economía paraguaya creció casi sin interrupciones durante más de una década y la estabilidad macroeconómica es uno de los pilares del buen desempeño económico. Las condiciones de vida han mejorado y nos encontramos en un momento particular por la oportunidad que genera el bono demográfico.

La economía paraguaya enfrenta debilidades estructurales como la excesiva dependencia del clima y un marco institucional débil. Ambas situaciones obstaculizan las oportunidades en el largo plazo. La dependencia de pocos productos agropecuarios exportables presenta un doble desafío: diversificar la producción y aumentar el valor agregado. Tiene gran relevancia el impulso a la industria y a cadenas productivas. Por otro lado, se requiere mitigar los efectos del cambio climático que afecta no solo al sector productivo de gran escala, sino también a la agricultura familiar y las condiciones de vida de la población rural y urbana, con altos costos para el país.

El logro de estos ambiciosos objetivos exige incrementar la infraestructura, tal como lo propone el BID. Sin embargo, la propuesta de aumentar el déficit y el endeudamiento para financiar las obras deja entrever varios problemas. El primero de ellos es asumir que la sostenibilidad de la deuda puede evaluarse a partir de un indicador único como el porcentaje de deuda con respecto al PIB. Esta visión deja por fuera uno de los cuellos de botella del desarrollo en Paraguay, que es la baja presión tributaria, situación señalada en el informe. Si bien Paraguay cuenta con una baja proporción de deuda con respecto al PIB, también es cierto que con este nivel de recaudaciones no podrá financiar políticas a corto plazo y menos honrar las deudas en el mediano plazo.

El desempeño económico de Paraguay fue relativamente alto en la última década, pero con poco impacto en la generación de ingresos de la mayoría de la población y de tributos necesarios para mejorar la infraestructura y el capital humano. Es riesgoso asumir compromisos a largo plazo.

El segundo cuestionamiento es acerca de qué infraestructura estamos hablando y en qué contexto institucional realizar tan importante apuesta. Si la infraestructura es para mantener un modelo productivo con todas las desventajas que el propio estudio señala, es necesario analizar el tema con mayor profundidad. Más aun teniendo en cuenta las recientes evidencias sobre la capacidad de gestión de las instituciones públicas, evidenciadas en los proyectos de alianzas público-privadas y el Metrobús.

Paraguay debe evaluar con mucho cuidado cómo direccionar su desarrollo, lo cual implica la forma de financiarlo. La prudencia, la incorporación de las complejas relaciones entre las múltiples variables intervinientes y el uso de evidencia empírica rigurosa deben confluir para la construcción de la agenda pública, sobre todo si esta compromete el esfuerzo de las generaciones futuras.

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