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De visitadora médica a atender a personas vulnerables en España

  Vivencia. Compatriota residente en España relata cómo es cuidar a los abuelitos en esta pandemia. Oleada. Como en toda Europa, viven la segunda ola de Covid, pero no es tan dura como la primera.

Se marchó del país hace 16 años rumbo a Europa. Como miles de paraguayos, en busca de mejor futuro, aterrizó en España, más específicamente al Norte del país ibérico.

Oriunda de la ciudad de San Ignacio Misiones, Dominga Carballo (56) empezó como niñera y también haciendo limpieza de casas por horas, en la ciudad de Vitoria-Gasteiz, situada en el País Vasco, ciudad que la adoptó -dice- y donde hasta hoy vive.

Dos años después de su llegada, como era visitadora médica en su pueblo natal, se especializó en España en servicios socio-sanitarios en el domicilio: Desde el 2006 asiste a personas vulnerables, tanto adultos mayores como “jóvenes dependientes”.

Desde que estalló la pandemia del nuevo coronavirus -cuenta- la dinámica de su oficio que adquirió otros ribetes: Para algunas de las personas que cuida, ella así como sus colegas, son las únicas que tienen para no morir de soledad.

“La mayoría de las personas que asisto son muy agradecidas, da gusto ver que te quieren; dependen mucho de nosotros y en algunos casos somos las únicas personas que ven o con quien pueden hablar”, comenta Dominga, quien accedió contar a ÚH su experiencia como cuidadora o asistente de quienes el confinamiento y el distanciamiento impuesto por la emergencia sanitaria dejaron aún más solas que nunca en sus casas.

Para hacer lo que hacen se requiere de “empatía, paciencia y conocer un poco de todo lo que conlleva el trabajo”, dice respecto a su oficio que tiene distintos métodos de cuidado “de acuerdo a las enfermedades y cómo moverlos de acuerdo a sus dolencias”, refiere ya que usan sillas de ruedas hasta grúas en caso que estén inmóviles.

Actualmente atiende a seis ancianos. Cuando golpeó el Covid en España, allá por marzo, estuvieron -dice- casi dos meses en confinamiento y ellos iban “disfrazados” con los trajes de protección individual y los abuelitos no entendían lo que pasaba.

“Fue muy duro y muy triste la primera oleada pandémica, los que trabajábamos teníamos que estar muy protegidos para atender a nuestros usuarios: Algunos abuelos, donde yo iba no entendían por qué no podían salir a la calle; inclusive lloraban por las ganas de salir”, cuenta.

Desde entonces, deben recordarles todos los días el lavado de manos, el uso de las mascarillas, el no tocarse la cara, desinfectar las llaves, etc. “Son como niños, si salen, no se acuerdan que deben tener cuidado, algunos abuelos salen solos a dar sus paseos”, refiere al señalar que su oficio le obliga a estar disponible de 08:00 a 22:00 con 2 horas libres.

Dominga asegura no haberse contagiado aún de Covid. Se hizo tres veces la prueba del PCR. El resultado de la última le llegó ayer. Todos salieron negativos.

Y recuerda lo más cerca que estuvo del Covid: “Fue contagiada la esposa de mi usuario. La pobre tuvo mucha fiebre, tos horrible y mucho miedo. No quería llamar al médico. Le insistí a que llame; eso era a primera hora de la mañana. Cuando le llamó al médico, yo estaba en otra casa y le llamé para informarme. Me dijo que irían a buscarle para hacerle la prueba, en ese entonces no le hacían a los que no tenían síntomas”.

“Fue mi peor momento, porque ella estaba siempre conmigo ayudando a asearle y levantarle al marido. Me mandaron de baja (cuarentena) y no sabía cómo llegar a casa por mis hijos. Tenía terror, me metí en el coche y estaba ahí por rato. Estuve en casa encerrada en mi habitación sin salir para nada. Me ponía mi hija la comida en la puerta, estaba 15 días de baja, 10 sin salir de la habitación”, comparte su anécdota.

Revela por qué hasta ahora no se contagió: “La higiene constante, desinfectarse cuando llegan a casa, desde los zapatos. Y no tener miedo para que sus defensas estén altas y así no sean contagiados. Que no tengan miedo de infectarse, sí respetar las normas. Las defensas actúan mejor si no le temes al virus”, dice y añade que el barbijo también hace su parte. “Aquí andamos con mascarillas por la calle siempre, no se puede salir sin ella; desde los 6 años de edad es obligatorio”.

A su entender, la segunda ola de la pandemia que ahora está asediando España no es tan virulenta: “Los síntomas son más leves y la gente está más adaptada a la situación”, manifiesta.

Dominga, a pesar de vivir con sus hijos allá, confiesa que añora su país. “Aunque se está muy bien acá, sigo comiendo mbeju, chipa, poroto, vori vori; mate o tereré dependiendo del clima”, dice y cuenta que a los españoles les encanta la sopa paraguaya.



La mayoría de las personas que asisto son muy agradecidas y en algunos casos somos las únicas personas que ven o con quien pueden hablar.
Dominga Carballo,
compatriota en España.

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