30 mar. 2026

¿De qué murió Jesucristo, según los forenses?

La muerte de Jesús fue analizada por médicos que concluyeron que la agonía provocada por la tortura romana causó que el hijo de Dios haya muerto por al menos diez causas, entre ellas asfixia, isuficiencia cardíaca aguda y finalmente un infarto de miocardio.

jesús

Forenses dicen que las causas de la muerte de Jesús pudieron ser más de diez. Foto: webcatolica.com.

Después de la flagelación, el largo vía crucis y la dolorosa crucifixión, “Jesucristo murió por asfixia, insuficiencia cardíaca aguda y finalmente un infarto de miocardio; pero, si hubiera necesidad de realizar un informe final de las causas clínicas de su fallecimiento, serían al menos diez”, dijo el doctor Jorge Fuentes Aguirre.

La secuencia sería: síndrome de estrés agudo, hipertensión arterial de origen psicosomático, anemia aguda por pérdida sanguínea, insuficiencia cardíaca congestiva, insuficiencia respiratoria, síndrome pleural con derrame, shock por hipotensión, infarto de miocardio, ruptura de ventrículo y muerte.

Más allá de lo que sostiene la fe cristiana, la existencia de Jesús fue probada por científicos e historiadores y desde la medicina clínica y forense se hicieron innumerables estudios sobre las verdaderas causas de su muerte.

También analizaron el “milagro” ocurrido cuando, al ser atravesado por una lanza, brotó agua de su cuerpo en lugar de sangre, según Infobae.

Renombrados especialistas coinciden en que Jesús debió soportar un tremendo dolor, “Él sufrió una de las formas más duras y dolorosas de pena capital jamás imaginada por el hombre”, dijo Christian Answers, médico forense.

Agregó que, “incluso antes de que la crucifixión empezara, Jesús mostraba claros síntomas físicos relacionados con un intenso sufrimiento”.

A esto, el médico agregó que según la Biblia, la noche previa a la ejecución los discípulos dijeron haber visto a Jesús en agonía sobre el Monte de los Olivos. “No sólo no durmió en toda la noche, sino que además parece haber estado sudando abundantemente”, aseguró.

Los especialistas prosiguieron comentando que tan grande era el sufrimiento, que había pequeños vasos sanguíneos que se rompían en sus glándulas sudoríparas y emitían gotas rojas tan grandes que caían al suelo (Lucas 22:44).

Este síntoma de intenso sufrimiento se llama hematohidrosis o sudor de sangre. Según ese estudio, el hijo de Dios estaba físicamente agotado y en peligro de sufrir un colapso.

<h2>Tres momentos clave de mayor sufrimiento</h2>

<h2>La flagelación</h2>

El doctor Rubén Darío Camargo, especialista en cuidados intensivos, analizó en una conferencia realizada en Barranquilla (Colombia) en 2003 el tipo de castigo que usaban los romanos.

“La flagelación era un preliminar legal a toda ejecución. A la víctima le desnudaban la parte superior del cuerpo, lo sujetaban a un pilar poco elevado y con la espalda encorvada, de modo que al descargar sobre ésta los golpes no perdiesen fuerzas y lo golpeaban”, comentó.

El instrumento era un azote corto (flagrum o flagellum) con varias cuerdas o correas de cuero, a las cuales se ataban pequeñas bolas de hierro o trocitos de huesos de oveja, que causaban profundas contusiones y hematomas.

Al continuar los azotes, las laceraciones cortaban hasta los músculos, desgarrando la carne, lo que producía una pérdida importante de líquidos (sangre y plasma).

Hay que tener en cuenta que la hematohidrosis (sudoración de sangre) previa había dejado la piel muy sensible en Jesús.

<h2>La Corona de espinas</h2>

Después de la flagelación, los soldados solían burlarse de sus víctimas. A Jesús le fue colocada, como emblema irónico de su realeza, una corona de espinas que pudo irritar gravemente los nervios más importantes de la cabeza, causando un dolor cada vez más intenso y agudo con el paso de las horas.

De acuerdo a las Escrituras, no recibió ningún alimento durante muchas horas, lo que se habría agravado por la pérdida de líquidos tras las abundantes hemorragias.

Eso permite suponer que estaría gravemente deshidratado y al borde de un colapso o shock.

<h2>La crucifixión</h2>

El dolor y el daño causado por la crucifixión fueron concebidos para ser sumamente intensos, “al punto en que se anhelaría constantemente la muerte”.

Según el doctor Frederick Zugibe, la perforación del nervio medio de las manos por un clavo puede causar un dolor tan increíble que ni la morfina sería de ayuda.

“Por ser un dolor intenso, ardiente, horrible como relámpagos atravesando el brazo hacia la médula espinal. La ruptura del nervio plantar del pie con un clavo tendría un efecto asimismo horrible”.

Además, la postura del cuerpo sobre ese tipo de cruz alargaría por varios días la agonía, ya que ésta fue pensada “para hacer extremamente difícil la respiración”.

Por su parte, Zugibe dijo creer que “Cristo murió de un colapso debido a la pérdida de sangre y líquido, más un choque traumático por sus heridas. Además de una sacudida cardiogénica que hizo que su corazón sucumbiera”.

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