El pasado domingo, Paraguay eligió intendentes y concejales en las elecciones municipales. El entusiasmo electoral del fin de semana es una buena introducción para presentar los nuevos datos de Latinobarómetro 2026 sobre el estado de la democracia y la geopolítica de la región y hacer una radiografía de la opinión pública en Paraguay. El trabajo de campo se realizó en 17 países de América Latina entre mayo y junio, con 1.200 entrevistas en Paraguay. El retrato es el de una ciudadanía que acepta la democracia, pero con poca fe en quienes la administran.
El informe sostiene que ninguna democracia de la región está consolidada, con la posible excepción de Uruguay, y que lo que existe son “proyectos de democracia” en desarrollo. Los datos paraguayos encajan en esa descripción. El 46% sostiene que la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, tres puntos más que en 2024, pero por debajo del promedio regional (52%) y lejos del 73% de Argentina. El 71% afirma que no le importaría que llegara al poder un gobierno no democrático si resuelve los problemas, la cifra más alta de la región, y el 23% apoya abiertamente el autoritarismo.
Esa combinación sugiere que la adhesión al sistema depende en buena medida de lo que este entrega. El informe señala que estas actitudes no son nuevas, que se expresan desde hace más de dos décadas y que se activan cuando los gobiernos no responden a las demandas de la sociedad. Esto no equivale necesariamente a un rechazo de la democracia, pero sí revela una vara de medición centrada en la eficacia y en expectativas no cumplidas.
La representación es el punto más frágil. El 80% de la población paraguaya no se siente representada por el Congreso y el 55% de los latinoamericanos cree que la democracia puede funcionar sin partidos. En la consulta sobre qué partido votarían, los paraguayos mencionaron solo cuatro, la cifra más baja de los 17 países, aunque ese número oscila entre 4 y 10 desde 2020. Sin embargo, las elecciones conservan legitimidad, ya que el 63% sostiene que sin ellas no hay democracia, aunque un 33% opina lo contrario, igual que en Ecuador y Guatemala. El voto sigue siendo el rito aceptado, pero se ejerce con mayor disconformidad.
En el plano internacional, Paraguay integra el Escudo de las Américas promovido por Washington, un alineamiento que se presenta como parte del giro regional hacia gobiernos de derecha. En cuanto a la opinión pública sobre política exterior en Paraguay, el 57% juzga positiva la influencia de Estados Unidos, en contraste con el 32% que considera su influencia como negativa. Por su parte, la valoración de Donald Trump es de 5,6 sobre 10, entre las más altas de la región, aunque su gestión internacional divide: 40% la aprueba y un 49% no.
Con China ocurre algo llamativo. El 61% considera su influencia positiva y el 25% la juzga como negativa, por encima de Estados Unidos en percepción favorable, aunque Paraguay no mantiene relaciones diplomáticas con Pekín. El informe concluye que en la opinión pública latinoamericana la influencia de China tiene hoy más aceptación que la estadounidense, aunque esa conclusión no representa una medición directa de poder, y destaca que el color político de un gobierno no determina cómo se percibe a cada potencia. Paraguay ilustra el punto, un gobierno alineado con Washington administra una opinión pública que mira con buenos ojos a ambos gigantes.
La radiografía es clara. La democracia conserva apoyo, pero la paciencia es limitada y exige eficacia. En política exterior sucede algo similar, Paraguay observa el mundo de forma cada vez más pragmática, donde los resultados pesan más que las afinidades.