16 ago 2026

Contradicción en Navidad

Miriam Morán
mmoran@uhora.com.py

Los gimnasios están llenos. Todo el mundo corre a ellos más o menos desde setiembre, porque se acercan las vacaciones y hay que exponer más superficie corpórea.
Claro que también hay quienes asisten a estos templos de sacrificio físico solo para romper el sedentarismo y les importa un bledo tornear sus músculos, alisar los michelines, evitar los flecos en los brazos o subir los glúteos hasta la espalda.
Lo concreto es que tanto la vida saludable como el tuneado del cuerpo exigen una dieta baja en calorías y rica en proteinas, vitaminas y minerales.
Lo malo es que esta época de esfuerzos por verse más flacos y flacas coincide con las fiestas de Navidad y Año Nuevo. Dígame si no es una tremenda paradoja que se den más ofertas de delicias calóricas cuando se deben recortar las calorías.
Claro que para evitar ansiedades insoportables se ofrece hasta pan dulce dietético, pero convengamos en que lo atractivo del tradicional pan no es precisamente lo dietético, sino lo engordético: azúcar, nueces, avellanas, uvas pasas, frutas abrillantadas, pepitas de chocolate y demás agregados.
Esto nos pasa por dejarnos avasallar por ridículos convencionalismos. A quién se le ocurre que solo se puede comer pan de Navidad en Navidad. En pleno julio, con una taza de chocolate caliente y varias capas de ropa encima se lo puede saborear sin sentimiento de culpa.
O por qué no seguir los dictados de Botero, el artista colombiano cuyo arte reproduce dignamente las voluptuosidades femeninas. O mejor, por qué no recuperar el sentido estético de los retratos de Rubens o Renoir, que pintaban lo que estaba de moda: carnes rosadas exuberantes, plenas de vida, con celulitis incluida...
Y tal vez porque ahora se sabe que gordura no es sinónimo de salud.
Como en otros aspectos de la vida, la mesura parece ser la clave para no llegar a la obesidad o a la anorexia; al sedentarismo o a la vigorexia. Y también puede ser la respuesta para este tiempo de excesos, sobre todo del alcohol, que ocasiona Navidades de llanto y Año Nuevo de luto.
No olvidemos que al ingerir bebidas alcohólicas aumenta en más de diez veces el riesgo de tener una lesión grave o morir como consecuencia de un accidente de tránsito. Y que un alto porcentaje de agresiones también está regado con alcohol.
Además, Navidad no es sinónimo de “chupi, y morfi a patada”, sino de renacimiento, esperanza y paz. Aunque muchos no lo crean.