10 feb. 2026

Cómo salir fortalecido de una crisis de la mediana edad

De repente, aparece esa sensación de paralización e insatisfacción. Uno estudió o aprendió un oficio, quizá se casó, tuvo hijos y posiblemente adquirió o construyó una casa. Todo iba siempre cuesta arriba, hacia adelante. Pero de repente parece que ya nada va a cambiar en la vida y uno empieza a cuestionarse el sentido de todo.

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Al llegar a la mitad de la vida, muchas personas se preguntan si han tomado las decisiones correctas.

Foto: DPA

Esa sensación fue bautizada como “midlife crisis” o crisis de la mediana edad, porque muchas veces ocurre a mitad de la vida. Son sobre todo mujeres y hombres de entre 40 y 50 los afectados.

“De repente, uno se pregunta por el sentido”, describe esta crisis Fiona Waltraud Berle, coach para el desarrollo de la personalidad.

En un pozo

A la vez, a esa edad se hacen visibles ciertos límites. Uno ve cómo envejecen los padres. “Entonces se ve el envejecimiento propio matemáticamente”, dice Berle. Muchos sienten en su propio cuerpo las señales de la edad: Los hombres pueden sufrir una merma de la testosterona o quedarse calvos. Las mujeres entran en la menopausia y en su rostro hay cada vez más arrugas.

“Es como un pozo al que le siguen nuevos conocimientos y, en el mejor de los casos, medidas de modernización”, dice Berle.

Los afectados pueden aprender de las empresas. “Las empresas adaptan sus estrategias con regularidad”, dice Nina Steffens, que trabaja como coach sistémica en Berlín.

Considera que las personas deberían hacer lo mismo: “Empezamos la vida adulta con una estrategia y sí o sí llegamos a un punto en que esa estrategia ya no nos sirve”.

Una intersección o un punto de inflexión

En vez de “midlife crisis”, Steffens prefiere hablar de una “intersección”, en la que uno se pregunta qué dirección debe tomar. O de un “punto de inflexión” en la vida de un adulto. Cabe aclarar: “También personas mucho más jóvenes pueden estar insatisfechas o tener la sensación de que su vida no es como se la imaginaban”.

No importa si ocurre a mitad de la vida, antes o después: Es un punto en el que algo debe cambiar para volver a poder encarar con más satisfacción la vida cotidiana. “Muchos tienen crisis vitales una y otra vez”, dice Berle. Son momentos de control de calidad: ¿me va bien con lo que hago o no?

Hay que tomarse el tiempo y prestarle atención a nuestro interior, recomienda Steffens: “Se trata de conectarse otra vez con la voz interior”. Esas respuestas no se encuentran en la cabeza, sino en el cuerpo, allí donde anida el alma. La pregunta respecto de qué es lo que nos está pasando hay que hacerla hacia adentro. “Allí se encuentra el saber de quiénes somos”.

Otra estrategia o un rumbo diferente

“Las crisis son llamados a revisar la propia estrategia o, llegado el caso, a cambiarla completamente”, señala Berle. Desde su punto de vista en ese sentido son importantes los objetivos.

Cuando algo ya no funciona bien en uno mismo, o sea, cuando uno está sumido en una crisis o siente que está en una, debería tomárselo en serio y examinar muy bien qué es lo que lo perturba. Así se puede detectar qué es lo que uno quiere en lo más profundo de su ser.

Steffens lo ve de manera similar: “Los afectados deberían tomar consciencia de qué es lo que anhelan”. Si a fin de cuentas deciden cambiar de rumbo, sin dudas eso requiere de mucho valor.

Admitir los propios miedos

Berle hace referencia a otro aspecto: Cuando uno siente temor por problemas físicos propios o porque se murió un amigo o un padre, entonces hay que admitir ese miedo. Y al mismo tiempo cabe preguntarse: si mañana me toca, ¿qué me gustaría vivir o haber hecho?

“Así las personas llegan al nivel de formularse objetivos”, dice Berle. Y pueden examinar de qué manera les conviene alcanzar esos objetivos. Eso ayuda poco a poco a salir de la crisis.

El papel de un compañero

“El impulso para cambiar algo también puede venir de la propia pareja”, explica Steffens. Muchas veces son los que dicen: “Oye, tengo la impresión de que no estás satisfecho. ¿Qué te pasa?”.

“En la crisis se demuestra si una pareja es verdadera”, considera Berle. Si el amor es auténtico y la relación está intacta, uno reconocerá la necesidad de su compañero, lo aceptará, lo apoyará y le ayudará a encontrar respuestas.

Además de la pareja, también un coach puede ofrecer apoyo a alguien para salir de la crisis con su punto de vista neutral. También ayuda una terapia psicológica para analizar más en profundidad el punto de vista propio.

Pero solo cada uno puede decidir por sí mismo si busca apoyo exterior o no, dice Steffens. “Y si opta por buscarlo, verá si prefiere que sea una terapia psicológica, o sea, un proceso más largo, o un coaching”.

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