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Como ciudad amurallada

 

Hoy meditamos el Evangelio según San Lucas 17, 20-25. El hermano ayudado por su hermano es fuerte como una ciudad amurallada, leemos en el Libro de los Proverbios. En aquellos primeros tiempos, cuando tantas dificultades externas encontraban quienes abrazaban la fe, la fraternidad era la mejor defensa contra todos los enemigos. La caridad bien vivida nos hace fuertes y seguros como ciudad amurallada.

Es esta una responsabilidad de todos los cristianos. Cada uno ha de estar atento siempre ante el bien de los demás, y especialmente de aquellos que, por diferentes razones, el Señor nos ha encomendado. San Juan nos dejó este resumen de lo que debe ser nuestra vida: En esto hemos conocido el amor, en que Él dio su vida por nosotros, y debemos dar la nuestra por nuestros hermanos. Este entregar la vida por los demás ha de ser día a día, en medio del trabajo, en el hogar, con los amigos, con los que nos relacionamos.

El Papa, a propósito del Evangelio de hoy, dijo: “Sabemos que la historia tiene un centro: Jesucristo, encarnado, muerto y resucitado; que está vivo entre nosotros y que tiene una finalidad: el Reino de Dios, Reino de paz, de justicia, libertad en el amor. Y tiene una fuerza que la mueve hacia aquel fin: es la fuerza del Espíritu Santo. Todos tenemos el Espíritu Santo que recibimos en el bautismo. Y él nos empuja a ir hacia adelante en el camino hacia el Reino de Dios. Este Espíritu es la potencia del amor que ha fecundado el seno de la Virgen María; y es el mismo que anima los proyectos y las obras de todos los constructores de paz. Donde hay un hombre y una mujer constructor de paz, es exactamente el Espíritu Santo quien ayuda”.

(Frases de http://www.homiletica.org y https://es.catholic.net)

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