Lo dijimos dos personas en Radio Fe y Alegría. Lo repitieron con nosotros quinientos. Ahora ya llegarán a dos mil. Pero, todavía son pocos. Este Gobierno no se convence fácilmente.
Tenemos que llegar gritando “¡Este es el último desalojo!” a cien mil para que le entre miedo del pueblo.
Gritar significa hablarlo con los vecinos. Pero, hablarlo con fuerza. Aquella que cuenta el Evangelio que tuvo Jesús cuando en pleno Templo de Jerusalén con cuerdas formó un látigo y echó fuera a aquellos mercaderes que habían convertido el lugar sagrado de oración en cueva de ladrones.
Y más sagrado que el patio del Templo son los, campesinos e indígenas, desalojados de donde vivían y se los abandona en medio de la ruta, sin tener dónde poner los pies.
La injusticia con los pobres que está sucediendo es de las que “clama al cielo”, para emplear palabras de las Sagradas Escrituras.
Escribo todo esto y se reirán los sojeros, los ganaderos, los latifundistas de todas las razas que ya se compraron el 80% de nuestras tierras siendo ellos solamente el 2% de la población.
Se reirán ahora , pero llorarán pronto. “¡Este es el último desalojo!” significa no solo que cuando seamos muchos a nadie van a poder desalojar, sino que la misma propiedad privada tiene un límite y es el del bien común. Esta es la doctrina de la Iglesia Católica, desde hace muchos y muchos años.