04 ene. 2026

Camino del Calvario

Hoy meditamos el Evangelio según San Mateo 26, 14-25.

Tras una noche de dolor, de burlas y desprecio, Jesús, roto por el terrible tormento de la flagelación, es llevado para ser crucificado.

Hoy también se puede llevar la cruz de distintas formas. Hay una cruz llevada con rabia, contra la que el hombre se revuelve lleno de odio o, al menos, de un profundo malestar; es una cruz sin sentido y sin explicación, inútil, que incluso aleja de Dios. Es la cruz de los que en este mundo solo buscan la comodidad y el bienestar material, que no soportan el dolor ni el fracaso, porque no quieren comprender el sentido sobrenatural del sufrimiento. Es una cruz que no redime: es la que lleva uno de los ladrones.

Hay un tercer modo de llevarla. Jesús se abraza a la cruz salvadora y nos enseña cómo debemos cargar con la nuestra: con amor, corredimiendo con él a todas las almas, reparando por los propios pecados. El Señor ha dado un sentido profundo al dolor.

El papa Francisco, a propósito del Evangelio de hoy, dijo: “Este acto dramático marca el inicio de la Pasión de Cristo, un doloroso camino que él elige con libertad absoluta. Él mismo lo dice claramente: ‘Yo doy mi vida. Nadie me la quita: la doy por mí mismo. Tengo el poder de darla y el poder de recobrarla’. Y así comienza el camino de la humillación, del despojo, con esta traición. Es como si Jesús estuviera en el mercado. ‘Este cuesta treinta denarios’. Y Jesús recorre este camino de la humillación y el despojo hasta el final.

Jesús alcanza la humillación completa con la ‘muerte en la cruz’.

Se trata de la peor de las muertes, la destinada a los esclavos y a los delincuentes. Jesús era considerado un profeta, pero muere como un delincuente.

Mirando a Jesús en su pasión, vemos como en un espejo también el sufrimiento de toda la humanidad y encontramos la respuesta divina al misterio del mal, del dolor, de la muerte (…) Esta semana nos hará bien a todos nosotros mirar el crucifijo, besar las llagas de Jesús, besarlas en el crucifijo. Él ha tomado sobre sí el sufrimiento humano, se ha endosado todo ese sufrimiento”.

(Frases extractadas del libro Hablar con Dios de Francisco Fernández Carvajal y http://es.catholic.net).