Los cuatro reclusos, de los cuales tres ya fueron recapturados, hicieron un boquete en el techo del penal por donde se fugaron. Arroquia, que tenía a su cargo la custodia, no escuchó ni la alerta perimetral que habían lanzado sus colegas.
En 30 días, hubo dos intentos de fuga con éxito en el penal de Itauguá. En la noche del 31 de julio, siete adolescentes se fugaron; dos internos murieron en el intento por enfrentamiento con la policía y numerosos quedaron heridos.
A raíz de estos hechos, varios jóvenes fueron trasladados a otras penitenciarías ubicadas en el interior del país.