Por Marisol Ramírez
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Calidez y calidad fueron los denominadores comunes en el festival a beneficio de Marta Almada, realizado el martes en la Manzana de la Rivera.
La jornada arrancó con un emotivo audiovisual a la homenajeada, con fotografías y música, hoja de vida elaborada por Pablo Valenzuela.
Luego, el Ballet Nacional del Paraguay bailó tres fragmentos de la obra Hijo del fuego: Las wöro, Las etnias y Dúo final, sobre textos de Roa Bastos.
La compañía regaló al público su energía color terracota, salpicando con su arte en movimiento.
Yenia Rivarola acompañó cantando La Martiniana, y siguió con el público interpretando dos canciones más, cargadas de sentimiento.
Ricardo Flecha compartió con la sala repleta de público los temas Mi derecho a soñar y Cielito del Paraguay. Su voz sedujo a los presentes como acostumbra.
Mario Casartelli contagió con su histriónica interpretación de Cambalache, mientras que Rolando Chaparro hizo vibrar con ritmo Afropolca.
Chaparro y los músicos que le acompañaron Cacho Montes (percusión), Luis Tellechea (bajo) y José Farías (teclados) impregnaron con melodía de los tamborileros de Kamba Kua, jazz, blues y folclore.
José Antonio Galeano se lució con Cantar de amigo de Elvio Romero, en poesía, y Canto de esperanza.
El melódico registro vocal de Romy Campos Cervera, regaló una balada y folclore argentino, y el carisma de Hugo Ferreira, su sonido social urbano. Gustavo Luque y Aldo Mesa compartieron escenario con una fusión de estilos como el soft rock.
En teatro participó Emilio Barreto con un Caso en jopara, y luego la risa fluyó con la gracia de los actores Hugo Robles, Omar Mareco, Nataly Valenzuela y Katya García. Les acompañó Claudia Miranda en guitarra. La cita fue por demás agradable y noble.