“Junto a mis primas aprendí de mi abuela y tías a tejer; hasta las fibras de la hoja de banana usaban ellas para confeccionar bordados de encajes finos. También la fibra del caraguatá usaba mi abuela para hacer aplicaciones”, menciona Isabel de Samaniego, orgullosa de su antecesora cordillerana.
Hoy, a sus 60 años, el bordado a mano ha dejado de ser un pasatiempo y se convirtió en una digna salida laboral. A la vez que analiza abrir una boutique, también –y como una tarea pendiente– planea seriamente transferir esta herencia de su abuela a los niños de su barrio, Punta Karapã.
Entiende perfectamente que mostrando esta técnica a los más pequeños se asegurará que este arte autóctono perdure en el tiempo. Solo precisa –dice– de hilos de algodón y agujas. “Con eso ya se puede empezar”, señala en referencia a los edredones, manteles y colchas que se hacen con hilos de ferretería.
“Me gustaría que haya lugares donde se enseñe esto para mantener vivo lo nuestro. Necesitamos un lugarcito para poder enseñar este arte a los hijos de nuestros hijos”.
Isabel asegura que, inclusive, existe “mucha gente que gratuitamente me van a ayudar” para poder enseñar las técnicas a los chicos. “Todos mis parientes arroyenses, de cuna, tienen este conocimiento”, apunta y refiere el caso de sus sobrinas que aprendieron de ella la técnica del tejido a mano y ahora venden mantas que bordan en sus ratos libres.
Espera con entusiasmo que la Municipalidad de Asunción habilite un predio exclusivo para la enseñanza y aprendizaje de este legado artístico que atesora hace 51 años.
En el exterior. Como casi siempre ocurre con las expresiones artísticas de un país, siempre son valoradas más afuera que adentro. Comenta que hoy sus clientes son mayormente del exterior. Mediante unos hermanos que tiene en Madrid, España, le han llegado diversos pedidos que recibe a través del Facebook. “Me mandan modelos para hacer vestidos de novias con hilo de fibra de coco que es especial para aplicaciones finas; un bordado muy delicado que lleva como mínimo un mes de trabajo”, explica.
En el ambiente local confecciona y vende aplicaciones especiales y camisas por pedido de bailarines de danza que se presentan en el exterior. A mediados de este año, estima, habilitaría un local propio donde exhibir y vender sus vestidos que representan toda una obra de arte popular paraguayo.