01 feb. 2026

Bolsonaro, la caída del “mito” de la extrema derecha de Brasil

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Manuel Pérez Bella

SAN PABLO

Durante años, Jair Bolsonaro fue venerado como el “mito” de la extrema derecha brasileña, idolatrado por sus seguidores como el presidente que dio rienda suelta a los intereses de los sectores más conservadores de Brasil. Hoy ese mito se derrumba tras ser condenado a 27 años y tres meses de prisión por el intento de golpe de Estado.
Capitán del Ejército y nostálgico de la dictadura, Bolsonaro franqueó el paso a los militares a los pasillos del palacio de Planalto durante sus cuatro años de gobierno (2019-2022).

Pero esos mismos generales no se dejaron arrastrar a la aventura golpista con la que Bolsonaro pretendía retener el poder tras su derrota en las elecciones de 2022. Por ello, a los 70 años se enfrentó a la perspectiva de pasar el resto de sus días en la cárcel o en prisión domiciliaria.

Bala, Buey y Biblia. A los ojos de sus seguidores más radicales, Bolsonaro seguirá siendo un líder pese a la condena. Decenas de miles de fieles le mostraron su apoyo incondicional el pasado fin de semana en manifestaciones en varias capitales del país.

Bolsonaro construyó su aura de caudillo de la derecha con un fiero discurso contra el comunismo que, en su visión, encarna el tres veces presidente Luiz Inácio Lula da Silva.

Su liderazgo se cimentó en el apoyo inamovible de los sectores más conservadores de la sociedad: Los evangélicos, el poderoso sector agropecuario y la industria de las armas y de la seguridad, representadas en el Congreso Nacional por las llamadas ‘bancadas de la Bala, el Buey y la Biblia’.

Para contentarlos, liberó la venta de armas, eliminó trabas medioambientales a la expansión de la agropecuaria y a la tala ilegal de la Amazonía y torpedeó las políticas de igualdad de género y de protección a la diversidad sexual.

Fuera de Brasil, encontró apoyo en la extrema derecha que ha emergido con fuerza en Europa y América y buscó de estrechar lazos especialmente con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, a quien llegó a convencer para que sancione económicamente a Brasil en represalia por el juicio.

También, en línea con las tesis del movimiento evangélico, abrazó con fervor la causa de Israel. La bandera con la estrella de David está siempre presente en las manifestaciones en las que sus seguidores reclaman la amnistía para Bolsonaro.

culto a la personalidad. La popularidad del ex presidente también se explica por su empeño en cultivar el culto a su personalidad. Durante años, repartió a aliados, dentro y fuera de Brasil, medallas del ‘club Bolsonaro’, en las que aparece su foto coronada por palabras groseras y ofensas de cuño sexual.

Y es que su léxico soez, su estilo ordinario y su aversión a la corrección política se convirtieron en parte intrínseca de la imagen que forjó de sí mismo, con la que trató de atraer la simpatía de los votantes de clases bajas y de zonas rurales.

Pero esa rudeza también le pasó factura. Durante la pandemia mostró un constante desprecio hacia las víctimas del virus, imitando a los pacientes que se ahogaban sin aire y exhortando a los brasileños a dejar de ser “un país de maricas”.

Los votos que perdió por su gestión de la pandemia y su falta de empatía fueron claves para explicar su derrota en las urnas en 2022, un revés que le llevó a tramar la conspiración que ha motivado hoy que se le declarara culpable.

El pasado fin de semana, su tercera esposa, Michelle Bolsonaro, pedía esa empatía para su marido, llorando micrófono en mano quejándose por la “humillación” que vive en prisión domiciliaria, vigilado por la Policía y con una tobillera electrónica.

Tobillera que, por cierto, se ajusta a una de las piernas que –aunque muchos de sus seguidores lo ignoren– le valieron su apelativo de “mito”.

Porque ese “mito” en realidad no nació como una exaltación de su liderazgo, sino como abreviatura de “palmito”, el cogollo de la palmera, que es el apodo que le pusieron sus compañeros de la academia militar para burlarse de sus piernas delgadas.

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Asonada. El 8 de enero de 2023, miles de bolsonaristas invadieron las sedes de los tres poderes de Estado: el Congreso Nacional, el Palacio de Planalto y el Supremo Tribunal Federal, en Brasilia.

SERGIO LIMA/AFP

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Sepultado. La condena que recibió hace suponer que lo enterrará políticamente al ex presidente.

EFE
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