“Los mitos del fútbol argentino”, es el título del interesante material que publica en su edición de este miércoles el deportivo Olé. El mismo hace referencia a la consagración de Boca Juniors como campeón del Apertura 2008, a pesar de una crisis en el plantel que se inició con las críticas declaraciones que había hecho el paraguayo Julio Cáceres hacia su compañero, e ídolo boquense, Juan Román Riquelme.
A juzgar por la publicación, el título que convierte a Boca en el equipo más laureado del continente americano (23 locales y 18 internacionales), se consiguió sin haber acabado definitivamente con la interna:
“A Felipe Pigna, historiador y escritor, no le alcanzaron cuatro versiones del libro Los Mitos de la Historia Argentina para terminar de derribar fantasías vinculadas a la historia política de este país. A Boca, en cambio, le bastaron cuatro meses, 27 partidos oficiales, un solo torneo Apertura (las 19 fechas regulares y las dos del triangular), para pulverizar otro mito. Uno muy propio del mundo del fútbol que, a partir de hoy, descansa en paz junto a otras frases hechas y verdades absolutas que la pelota convirtió, en el mejor de los casos, en medias verdades. Una, por caso, dice: “Los pibes ganan partidos pero no ganan campeonatos”. Pero, la más significativa, es la repetida frase “para salir campeón se necesita un grupo unido” que hoy la velan en Brandsen 805. No envíen coronas. Boca ya consiguió una.
El argumento que nadie se animará a dar como motivo del título es, justamente, la fortaleza del grupo humano. Este nuevo título de Boca (el otro del año fue la Recopa ante Arsenal) se logró con un plantel partido al medio desde mucho antes de que Julio César Cáceres lo hiciera público. Al punto que el propio Román Riquelme repitió su postura ante la prensa antes de que explotara la bomba interna: “Mis amigos son los del barrio. Con mis compañeros juego al fútbol para ganar los domingos”, avisó con su mejor cara de Riquelme. Y luego lo ratificó delante de las narices de sus colegas, frente a frente, en la reunión que apaciguó los ánimos a dos días del superclásico. Desde esa charla, con otro histórico como Martín Palermo de moderador, se encadenaron los éxitos y esta remontada que terminó en vuelta olímpica en Navidad. Pero puertas adentro todo continuó más o menos igual. Tal vez la clave para que en la cancha no se hayan notado las diferencias de afuera estuvo en el profesionalismo para poner sus objetivos profesionales por sobre todas las cosas. O, simplemente, como resumió Riquelme: “En la cancha somos hermanos”.
Román siguió contando sólo a Ibarra entre sus amigos, pero sumó al grupo de afinidades a Lucho Figueroa, a Damián Díaz y a Javi García. El arquerito se convirtió, además, en su protegido. Y, del otro lado, quedaron los paraguayos y Caranta, que sumaron a Battaglia, Gracián y Palacio para el chinchón que fue furor en esta última parte del año. Vargas fue tan amigo de los libros como de costumbre. Y los pibes, claro, siguieron con la suya con la PlayStation. Eso sí, a la hora del Prode interno, ninguno se quedó afuera. Y los plasmas que donó de premio Carlos Ischia fueron para Seba Battaglia y Jonatan Philippe.
Boca es campeón. Adiós a un mito”. (Fuente: Olé)