12 feb. 2026

Beto Gómez, leyenda de la percusión

Beto Gómez (62) es contador y administrador, pero estas son profesiones secundarias en su vida, ya que su pasión y la profesión que abraza, “cada vez con más fuerza” es la de músico percusionista.

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Beto Gómez en su mundo. Su mesada de trabajo, su lugar favorito en el mundo, es donde pasa la mayor parte del tiempo.

Por Rocío Cáceres | rcaceres@uhora.com.py

La música lo acompaña desde niño, pero antes lo suyo era la batería –a la que se dedicó profesionalmente durante más de 30 años–, hasta que un día su amigo Willy Suchar lo invito a tocar las congas en el lanzamiento del primer disco de Paiko, en el 2001, marcando un nuevo rumbo. “Se me abrió un mundo y dije esto es lo mío, esto es maravilloso. Me enamoré de la percusión, me volví loco y ya fui a buscar, hurgar en los locales de música buscando congas”, rememora.

Con la colaboración de colegas, amigos e incluso familiares que veían su entusiasmo, Beto empezó a armar su mesada. La novia de un amigo le regaló una pulsera de pezuñas de cabra, un cuñado encontró una poronga, una fruta híbrida, de forma ovalada y larga. “Le cargué maíz tupí y tenía un sonido que me fascinó”, recuerda.

Desde ese momento la percusión lo acompañó; hoy, disfruta de la vida rodeado de sus instrumentos: bongot, timbales, platillos, guiros, maracas, set de conga, tambor, chimes, bells, claves, yembé, palo de lluvia, panderetas, batería, darbuka y otros. “Acá hay más de USD 10.000 invertido, aparte de la batería; esto es lo máximo que un percusionista puede ambicionar”, comenta, mientras arma su mesa de trabajo, ubicando con cuidado especial sus “elementos” celosamente guardados en sus respectivos estuches.

colegas. Gómez trabajó con la percusión, por más de una década con los chicos de Paiko, tiempo en el que también colaboró con las bandas Los Kchiporros, Los Ojeda, G3 y Los Verduleros e incluso con los Auténticos Decadentes, y la cantante Lizza Bogado.

Actualmente trabaja con el requintista Juan Cancio Barreto y además enseña su arte, el de la percusión. “En un principio yo le planteé a Juan Cancio insertar la percusión en la estructura instrumental de nuestra música que lleva contrabajo, guitarra, requinto y arpa (...), pero la ‘percu’ nunca jamás. Y como yo crecí escuchando a mi hermana practicar el arpa con Santiago Cortessi, las polcas me las sé todas de taquito”, señala Beto, y añade que el requintista se mostro interesado en la propuesta. “Si te anotas vamos a arrancar, me dijo, y me dio un papel, lápiz y me pasó 17 fechas. Fue todo un desafío”, rememora.

Hace más de 5 años que trabaja con Barreto. “Lo bueno es que me di cuenta que detrás nuestro, varios grupos ya insertaron la percusión”.

Si bien tiene mucha satisfacción, en más de cuatro décadas de trabajo, Beto también tiene desafíos como profesional: conocer cada vez más y seguir innovando.

“Mi deseo es que incluyan la música como profesión, quiero ser profesional y tener jubilación, claro que hay que aportar”, afirma, al tiempo de agregar: “Me siento vejado y un sobreviviente, cada vez más en un país que no valora a sus artistas”.

El día a día de Beto es impredecible, aunque en algún momento se sienta a tocar. “La vida me dio un golpe tan fuerte cuando se llevó a mi hijo, pero me abrió otras ventanitas, y hoy soy un ser humano mucho más intenso, que disfruta el ahora”, reflexiona Gómez, y revela que en ocasiones se encuentra tamborileando, “sin darme cuenta, y la gente me mira raro”.

Sobre su final dice: “Mi muerte ideal es ver a 80 mil personas ovacionando mi música, y que ahí me dé un infarto al miocardio”.