Opinión

Autoridades como el intendente de Villa Elisa...

Susana Oviedo — soviedo@uhora.com.py

El 10 de marzo, tras una reunión con el ministro de Salud, Julio Borba, el intendente de Asunción y el gobernador de Central salieron con rostros de preocupación y, ante el requerimiento de la prensa, repitieron varias veces: “Estamos en alerta roja” y palabras más, palabras menos, se limitaron a recomendar a la población que se cuide.

Como Asunción (521.101 habitantes) y Central (2.243.792 habs.) pasaron a ser el epicentro del contagio masivo de coronavirus por Covid-19, Borba habría esperado algún apoyo, alguna propuesta, alguna idea, algo…, de tan importantes autoridades: Nenecho Rodríguez y Hugo Javier González.

Pero transcurrieron los días, y nada... La población empezó a vivir la peor pesadilla y comprender el porqué de una alerta roja sanitaria: Crecimiento exponencial del número de decesos, filas de enfermos esperando por una cama en los abarrotados servicios sanitarios públicos y privados. Desesperante escasez de medicamentos, las redes sociales inundadas de pedidos de ayuda para costear la compra de medicinas a familiares internados.

Los servicios de terapia intensiva sobrepasados, las improvisadas carpas de familiares, provenientes de distintos puntos del país, se multiplican en torno a los hospitales de referencia. Las vacunas anti-Covid que llegan con cuentagotas ni siquiera alcanzan para inmunizar a todo el personal sanitario. Por si todo esto no bastara para crear un clima aterrador, el presidente se llama a silencio varios días hasta que reaparece para hablar de obras públicas.

El oscuro escenario que se logró retrasar un año, llegó, y con todo. Pero Hugo Javier y Nenecho siguen sin proponer e impulsar alguna idea creativa, una intervención concreta, extraordinaria, humana, mínima como administradores de dos territorios muy relevantes política, sanitaria, geográfica y económicamente.

En contraste con ellos, cobra notoriedad el intendente de Villa Elisa, municipio de poco más de 81.000 habitantes. El hombre no solo demuestra una capacidad de gestión pocas veces vista en los ejecutivos municipales, sino que responde a una situación de emergencia resolviendo eficientemente las necesidades y dificultades e inclusive anticipándose a estas. Su administración, además de estar por inaugurar un segundo bloque de contingencia Covid y, en breve, instalar una planta de oxígeno en el hospital local, crear un refugio para familiares de pacientes (70% provenientes de otros puntos del país), alentar la solidaridad y practicarla, también está buscando cómo adquirir las vacunas contra el virus. Como él, aunque muy pocos, otros intendentes y algunos gobernadores, también están poniendo empeño a favor de su comunidad.

¿No es esta la actitud natural la que deberían tener las autoridades en tiempos ordinarios y más aún, en los extraordinarios como los de una pandemia?

El Paraguay ya ha padecido a demasiados presidentes, gobernadores, intendentes, senadores, diputados y concejales inútiles, indiferentes e inmorales. Las consecuencias del robo al Estado al punto de naturalizar la corrupción en el ejercicio del poder, desnaturalizar la política y distorsionar el concepto de funcionario como servidor público, se traducen en realidades, como el frágil sistema de salud en un país con más de dos siglos de historia. O el que aún sea una excepción que un intendente trabaje por la comunidad que lo eligió.

En esta pandemia hay que asumir el compromiso colectivo de provocar un cambio, no volviendo a cometer el error de confiar a los mismos de siempre, a los que malogran periódicamente las esperanzas, confianza, sueños y proyectos de los habitantes de este maltrecho país que el Covid expuso en todas sus fragilidades, por años maquilladas.

Como nunca antes, en las próximas elecciones municipales y nacionales el voto se debe ejercer con esta conciencia para elegir a autoridades que caminarán al lado de la gente, en las buenas y en las malas, como lo hacen intendentes como el de Villa Elisa.

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