31 may. 2026

Asunción a la parrilla: Paladares sucumben ante el asado callejero

Cada vez más asaderos instalan sus parrillas en las veredas del microcentro para la venta pública del plato predilecto de los paraguayos: carne asada, a pesar de que está prohibida por la Municipalidad.

Es viernes. El humo se escapa de una de las tantas parrillas instaladas en las angostas veredas del caótico microcentro asunceno. Las 14 clases de narices, sean aguileñas o respingadas de carnívoros paraguayos sucumben ante la tentación de la carne en brasas.

¿Qué hay de especial hoy?, dice un hombre de gran estatura a Óscar Arréllaga, el asadero de la calle 25 de Mayo e Iturbe. “Acá hay tapa cuadril jugosa”, ofrece el hombre que todos los días enciende el carbón para ofrecer, en su Bar Restaurant Óscar, el plato de la región: el asado.

La filosofía del asadero Óscar es sencilla: “La gente que quiere comer bien, no mezquina en gastar. Ahora el que no puede, come otra cosa”. "¿A cuánto es la porción?”, pregunta Lucía Riveros. Así ella se ahorra el trabajo de asar la carne para el almuerzo de su hijo.

“A G. 35.000 el vacío, ya pueden comer dos”, resume el asadero. Según la carne se tasan los precios. En el bar Óscar, una porción de tapa cuadril cuesta G. 40.000, el cerdo a G. 30.000. También se ofrece matambrito y costilla de cerdo.

Acompañado de ensaladas, mandioca y chorizos, el asado callejero se oferta en las cuadras del microcentro. También las mujeres asaderas venden el popular plato.

“No tengo tiempo para atenderte, hay mucha gente que tiene hambre”, dice una ajetreada cocinera instalada sobre la calle 15 de Agosto.

Florentina a secas es otra asadera citadina. En la esquina de Benjamín Constant, frente al Puerto de Asunción, el cuchillo de Florentina rebana pedazos de asado que vende en un copetín a G. 15.000 con una porción de ensalada. “Es regular la venta”, comenta mientras cubre la parrilla de tambor.

Sobre Presidente Franco, a cuadras del Puerto a Miguel Ángel Céspedes el calor de la parrilla sumado al asfalto le hacen sudar la gota gorda. El joven asadero cocina cada viernes el asado por recomendación de su patrona. “Se vende bien, cocinamos entre 40 a 45 kilos de carne sea costilla o vacío”, dice tímido.

La parrillada callejera también es motivo de unión de trabajadores del microcentro, también hay quienes critican el uso de la vereda o la calle para asar las reses. Un tambor de hierro con una plancha de rejilla en su interior de mediano porte es parte del paisaje frente a la Plaza de los Artesanos. Está alerta, preparada por cualquier cosa. Allí, los sábados especialmente los amantes del asado hacen una “vaquita” para aportar cada uno G. 15.000 para devorar un asado comunitario.

“Compartimos con los muchachos, el asado con la cervecita. Para el paraguayo no hay día exclusivo para comer asado, si no es viernes, es sábado o domingo, a cualquier hora, es notable”, reflexiona Ramón Gómez, trabajador ambulante.

En el microcentro, pasado el mediodía ya a la tarde, es hora de que los asaderos cuenten sus ganancias. Cada vez hay más parrillas ante el aumento de la demanda de los consumidores de la capital.