24 feb. 2024

Asistir de modo especial a los olvidados pueblos indígenas

Considerados casi siempre como “los más pobres entre los pobres”, los pueblos indígenas sufren con mucha mayor crudeza la pandemia del Covid-19. Existen varios reportes sobre comunidades que habitan en zonas muy aisladas del Chaco y de la Región Oriental, que hasta ahora no han recibido ninguna ayuda y se debaten con graves problemas para la subsistencia. El Estado debe crear programas especiales para asistirlos de manera diferenciada, con base en datos reales bien actualizados. No debemos ahondar la brecha de olvido y marginación que se ha mantenido durante mucho tiempo con las etnias indígenas. Hoy, más que nunca, precisan de la asistencia y la solidaridad.

Entre los grupos humanos más afectados por la crisis provocada ante la amenaza del Covid-19, los pueblos indígenas ocupan uno de los lugares más críticos.

En el Paraguay se cuentan 19 etnias indígenas, que en la mayoría de los casos son consideradas como “las más pobres entre las pobres”, por haber sido mantenidas en todo este tiempo por los sucesivos gobiernos en situaciones de mayor vulnerabilidad, de aislamiento y olvido; en muchos casos, sufriendo el despojo de sus tierras ancestrales e incluso siendo víctimas de actitudes de discriminación desde sectores de la sociedad.

Con las medidas de distanciamiento social y de cuarentena total dispuestas por el Poder Ejecutivo, existen varios reportes de comunidades nativas del Chaco y de la Región Oriental que han quedado aisladas, sin recibir ningún tipo de ayuda estatal y que ya han agotado gran parte de sus recursos de subsistencia.

Al no poder salir a trabajar (y en muchos casos, directamente, a mendigar en los centros urbanos), las familias nativas se encuentran libradas a su suerte.

Uno de los casos dramáticos reportados es el de la comunidad Monte Alto, del Pueblo Enxet, ubicada a la altura del kilómetro 316 de la ruta Pozo Colorado-Concepción, donde no llegó la ayuda de la Secretaría de Emergencia Nacional, ni de las autoridades locales. Centenares de familias acuden a la caza y a la pesca, cada vez más escasa, para alimentarse, pero la comida ya es insuficiente. Se ha sabido incluso de algunos casos en los que los nativos se vieron obligados a canjear sus herramientas de labranza a cambio de un kilo de arroz.

El pasado 19 de abril se conmemoró el Día del Indígena y varias organizaciones, como la Federación por la Autodeterminación de los Pueblos Indígenas (Fapi), han llamado la atención sobre la grave realidad que los aflige.

“El hambre está asolando a muchas comunidades indígenas de todo el país, las cuales han acatado las medidas sanitarias impuestas de aislamiento, pero que así vieron truncas sus oportunidades de subsistencia, aguardando una asistencia comprometida del Estado en materia de alimentación, medicamentos y agua y cuya concreción está demorando en demasía”, destaca el comunicado de la Fapi, respaldado por otras organizaciones del sector.

El pronunciamiento exige que las autoridades adopten en forma urgente las medidas adecuadas para garantizar los derechos de los pueblos indígenas, ya que no se les pueden aplicar las mismas medidas restrictivas que se aplican al resto de la población por la especificidad de su cultura. Para ellos no sirven de la misma manera los programas de asistencia como Ñangareko y Pytyvõ, debido a las grandes distancias, a las situaciones de aislamiento y a las dificultades de conectividad digital en que se encuentran.

Por ello, el Estado debe crear programas especiales para asistirlos de manera diferenciada, con base en datos reales bien actualizados. No debemos ahondar la brecha de olvido y marginación que se ha mantenido durante mucho tiempo con las etnias indígenas. Hoy, más que nunca, precisan de la asistencia y la solidaridad.

Más contenido de esta sección
El mandatario decidió crear el fondo nacional de alimentación escolar esperando un apoyo total, pues quién se animaría a rechazar un plato de comida para el 100% de los niños escolarizados en el país durante todo el año.
Un gran alivio produjo en los usuarios la noticia de la rescisión del contrato con la empresa Parxin y que inmediatamente se iniciaría el proceso de término de la concesión del estacionamiento tarifado en la ciudad de Asunción. La suspensión no debe ser un elemento de distracción, que nos lleve a olvidar la vergonzosa improvisación con la que se administra la capital; así como tampoco el hecho de que la administración municipal carece de un plan para resolver el tránsito y para dar alternativas de movilidad para la ciudadanía.
Sin educación no habrá un Paraguay con desarrollo, bienestar e igualdad. Por esto, cuando se reclama y exige transparencia absoluta en la gestión de los recursos para la educación, como es el caso de los fondos que provienen de la compensación por la cesión de energía de Itaipú, se trata de una legítima preocupación. Después de más de una década los resultados de la administración del Fonacide son negativos, así como también resalta en esta línea la falta de confianza de la ciudadanía respecto a la gestión de los millonarios recursos.
En el Paraguay, pareciera que los tribunales de sentencia tienen prohibido absolver a los acusados, por lo menos en algunos casos mediáticos. Y, si acaso algunos jueces tienen la osadía de hacerlo, la misma Corte Suprema los manda al frezzer, sacándolos de los juicios más sonados.
Con la impunidad de siempre, de toda la vida, el senador colorado en situación de retiro, Kalé Galaverna dijo el otro día: “Si los políticos no conseguimos cargos para familiares o amigos, somos considerados inútiles. En mi vida política, he conseguido unos cinco mil a seis mil cargos en el Estado...”. El político había justificado así la cuestión del nepotismo, el tema del momento.
A poco más de dos semanas del inicio de las clases en las instituciones educativas oficiales, nos encontramos frente a un desolador y conocido panorama: el abandono de las escuelas públicas. En un rápido recorrido de UH por algunos establecimientos se comprueban pisos hundidos, techos con goteras, letrinas en vez de baños, sin acceso a energía eléctrica o agua potable. Ese es precisamente el estado de la educación pública en el Paraguay, un país desigual que les niega las mínimas oportunidades a sus niños y jóvenes.