Editorial

Asegurados del IPS son víctimas del caos y la mala gestión en IPS

El desorden reinante y la mala gestión en el Instituto de Previsión Social (IPS) conforman una situación que ya es insostenible. Los asegurados sufren por la falta de medicamentos y deben soportar meses enteros para consultas con especialistas aunque las dolencias no puedan esperar y, ahora, una nueva infamia se suma a las ya conocidas quejas contra la previsional: el rovoque de un techo cayó sobre un paciente internado. Es urgente que se haga un cambio, pues los aportantes tienen derecho a recibir una atención digna.

En el Instituto de Previsión Social se produjo recientemente un desprendimiento de revoque, lo cual ocurrió en una sala del Servicio de Cirugía del Hospital Central. De acuerdo con las autoridades, se trataba de un revoque antiguo que cayó por unas “mínimas vibraciones” que se produjeron en un piso superior.

Esta no es una simple anécdota. El mencionado revoque cayó sobre un paciente, quien sin dudas se llevó un gran susto. “El paciente que estaba a mi lado se rompió un poco la cabeza, tiene otros golpes, pero está bien, estamos bien gracias a Dios, fue un accidente con suerte”, comentó.

Esta noticia, además de sorprender e indignar a la ciudadanía, desvió tan solo por un breve momento el gran tema de la falta de medicamentos en el IPS.

La situación de insuficiencia de medicamentos es un hecho absolutamente escandaloso. Los pacientes, que son trabajadores aportantes de la previsional, tienen derecho a recibir las medicinas necesarias para sus afecciones aunque, lamentablemente, ya se ha prácticamente normalizado el hecho de que los pacientes deben adquirir los medicamentos e incluso insumos médicos.

El denominado “gasto de bolsillo” para quien depende del IPS es enorme. Como bien quedaba explícito en un reportaje publicado por este diario, alrededor de G. 50.000, G. 200.000 o más de G. 500.000 representa el gasto diario de bolsillo de la familia de un asegurado internado en Emergencias del Hospital Central, según expresaban los testimonios de asegurados. A diario, los acompañantes son llamados para el informe médico, a esto se suman las recetas para la compra de insumos y medicamentos. El gasto diario de G. 500.000 incluso representa dos meses de aportes de un trabajador cotizante al seguro social. A esto se debe sumar el gasto que deben realizar los familiares de pacientes que llegan desde el interior del país, como el pago de ambulancias.

Mención especial requieren los enfermos de cáncer. Precisamente un grupo de ellos protestó en el mes de octubre por los medicamentos faltantes: “En este mes de octubre se pasan con la cinta rosa, y nosotros acá pidiendo nuestros medicamentos. Nos están dejando morir”, reclamaba una asegurada sobre los medicamentos que se requieren de forma urgente y que figuran en el cuadro básico del IPS.

Por otro lado, un paciente internado requiere que sus familiares queden atentos como acompañantes, tanto para aguardar los reportes como para la compra de medicamentos. Las condiciones de estas personas, además de la angustia por la enfermedad del familiar, deben soportar el colapso de los albergues en el Hospital Central, donde se los puede encontrar copando los pasillos del subsuelo con sus enseres, sillas, butacas y hasta con colchones inflables, haciendo una dolorosa vigilia en los pasillos húmedos e insalubres.

Los burócratas del IPS tienen explicaciones para todos los reclamos, sin embargo los reclamos y las quejas no cesan y los asegurados siguen soportando maltratos, falta de camas de internación, faltante de medicamentos e incluso algunos son víctimas de la caída de revoques del techo en su lecho de internación.

Los problemas del IPS son muy serios. El Instituto es una entidad que ya no puede satisfacer las necesidades y las demandas de salud de sus aportantes.

El trabajador, junto con el aporte del empleador, sin embargo sigue contribuyendo con la esperanza de recibir alivio en su enfermedad y aguarda con ilusión alcanzar la jubilación; por tanto esfuerzo merece respeto a su dignidad, considerando además que en el Paraguay la inversión en salud es escasa y el sistema no es universal.

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