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Ante nulo crecimiento debemos cambiar la estructura productiva

El Banco Central del Paraguay (BCP) confirmó que el producto interno bruto (PIB) no mostró cambios entre 2018 y 2019; es decir, no hubo crecimiento económico en el último año. Diversos factores exógenos están entre las principales causas, los mismos que históricamente también ocasionaron altos niveles de volatilidad económica. Paraguay debe transformar su estructura productiva, ya que esta ha demostrado inestabilidad y bajos efectos multiplicadores en el desarrollo. El desempeño económico de los últimos años, cada vez peor, debería llamarnos la atención e iniciar un proceso de cambio para dejarles a las futuras generaciones un modelo de crecimiento más sostenible.

La nula variación de la actividad económica en 2019 coincide con proyecciones que habían lanzado entidades privadas, como la consultora MF Economía, el Banco Itaú y Basanomics, y el Fondo Monetario Internacional (FMI).

Inicialmente, el Banco Central del Paraguay había anunciado una tasa cercana al promedio de los últimos años, de 4%; sin embargo, a lo largo del año fue ajustando sus proyecciones pasando en abril al 3,2%; en setiembre a la mitad, es decir, 1,5%, y, finalmente, en octubre ya auguraba el resultado final, confirmado recientemente.

De nuevo los determinantes principales de la drástica caída en la tasa de crecimiento del PIB son factores exógenos, en los que la política pública tiene muy poca oportunidad de actuar con eficacia, y solo para mitigar los efectos negativos.

La agricultura fue afectada por factores climáticos y por los precios internacionales. La industria, a pesar de que se supone que debiera tener mayor autonomía de los factores exógenos, resulta que al utilizar materia prima agropecuaria como soja o ganado termina dependiendo en una parte importante del clima y del contexto internacional altamente volátil en esos insumos. La menor generación de energía eléctrica por parte de las binacionales también impactó negativamente, lo que, a su vez, se explica por el menor caudal hídrico del río Paraná, otro factor cuyo comportamiento depende de la naturaleza.

La producción paraguaya está basada en pocos productos de exportación con escaso nivel de valor agregado. Adicionalmente está el hecho de que exportamos a pocos mercados y de baja exigencia, lo cual agrega vulnerabilidad. El escaso apego a las normas del sector privado y la debilidad del sector público para hacer cumplir las regulaciones y las exigencias internacionales han generado en muchas ocasiones pérdida de mercados, como fue el caso este año de Rusia.

Si Paraguay quiere avanzar en el desarrollo debe transformar su estructura productiva de manera a diversificar su producción y sus mercados, dándole mayor valor agregado. Lo primero permitirá reducir la volatilidad que nos caracterizó durante todo el periodo de alto crecimiento económico y lo segundo dará lugar a mejores condiciones laborales y de ingreso a la población.

Nos sentamos sobre los laureles del crecimiento económico sin que este haya mostrado resultados relevantes en el acceso a mercados más competitivos en precios y calidad, y mucho menos en calidad del empleo.

El resultado actual es una estructura productiva que no puede enfrentar los vaivenes de la naturaleza ni del mercado internacional y con magros efectos en los ingresos laborales y en los ingresos tributarios.

El desempeño económico de los últimos años, cada vez peor, debería llamarnos la atención e iniciar un proceso de cambio para dejarles a las futuras generaciones un modelo de crecimiento más sostenible en el tiempo y un aporte sustancial al desarrollo.

Pero ello requiere una clara convicción política y fortaleza institucional para impulsar los cambios que exige el país.

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