El Jardín Botánico y Zoológico de Asunción siempre fue zoológico. Nació como tal y durante décadas funcionó bajo ese concepto. Sin embargo, hoy atraviesa un proceso de transformación que no responde a una moda ni a un eslogan institucional, sino a una realidad que lo empuja: La llegada constante de animales rescatados y la ausencia de otros centros preparados para recibirlos.
Agotado y confundido junto a una compañía de bomberos llegó al Botánico, un osito lavador, también conocido como aguarapope. Su llegada no fue una excepción, sino una postal habitual.
El animal recibido es un osito lavador sudamericano, especie nativa de América del Sur, distinta del mapache norteamericano aunque comúnmente confundida con él en apariencia.
La veterinaria Stella Espínola explica que se trata de un mamífero omnívoro, que se alimenta de peces, frutas, carne y pequeños animales, y que suele vivir cerca de ríos y arroyos.
Es solitario, nocturno y famoso por el gesto de “lavar” su comida antes de ingerirla. Encontrarlo solo no implica necesariamente abandono aunque debe determinarse si escapó de algún hogar y fue mascotizado. Muchas veces estos animales aparecen fuera de su hábitat por desorientación o desplazamientos naturales.
Antes de decidir su destino, el equipo veterinario evalúa su comportamiento. Si mantiene características salvajes, agresividad, rechazo al contacto humano puede ser liberado en una zona adecuada, siempre en coordinación con el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible (Mades). Si no permanecerá en el Botánico, en un espacio preparado especialmente para él, con pileta y sin convivencia con otras especies.
Bomberos, organizaciones civiles, autoridades ambientales y ciudadanos comunes recurren al Jardín Botánico cuando aparece un animal silvestre herido, huérfano o decomisado. No porque sea un centro de rescate formal, sino porque no hay otro.
“Hoy prácticamente el 100% de los animales que tenemos son producto de donaciones o rescates”, señala Espínola. Tigres de Bengala provenientes de circos, pumas cuyas madres fueron cazadas, aves con alas rotas que ya no pueden volver a volar. En estos casos, la liberación es imposible y el zoológico se convierte en su hogar definitivo.
Por eso, el Botánico empieza a funcionar como un santuario, aunque legal y estructuralmente siga siendo un zoológico.
Uno de los cambios más claros en la gestión es la decisión de no incentivar la reproducción, especialmente de especies no nativas del Paraguay. “¿Para qué reproducir animales que van a vivir toda su vida en cautiverio?”, plantea Espínola. Los nacimientos son escasos y no forman parte de una política activa. La prioridad es garantizar bienestar: Alimentación, manejo sanitario y mejoras graduales en los hábitats.
Actualmente, el predio alberga unas 65 especies diferentes y alrededor de 800 animales. La cifra se explica en gran parte por la gran cantidad de tortugas y yacarés que llegan tras decomisos y rescates.
En este marco la vida se hace camino, en el recorrido, se ve un pequeño mono aullador por fuera de una de las jaulas donde están tres monos aulladores adultos. Espínola comenta, le viene a visitar a su papá.
“Es hijo de una hembra rescatada que amputamos por que tenía pocas posibilidades y terminó recuperándose y viviendo fuera de las jaulas en el predio, finalmente se reprodujo y el hijo que está en libertad en el predio viene todos los días de visita” relata Espínola y como estas miles de historias.
Mono y mascotización. Uno de los temas que más confusión genera es el de los monos que aparecen en barrios cercanos. Espínola es tajante: “no son animales escapados del zoológico”. El Botánico cuenta con una reserva de unas 110 hectáreas donde viven monos salvajes que se desplazan libremente y regresan a su zona.
Los monos que generan conflictos en zonas urbanas son, en su mayoría, animales que fueron criados en casas, acostumbrados al contacto humano, se vuelven agresivos al alcanzar la madurez sexual y son soltados.
Mejoras. Desde noviembre, la Municipalidad de Asunción se hizo cargo finalmente de la provisión de alimentos para los animales. Esto permitió que la Fundación Marys Llorens, que antes destinaba sus recursos principalmente a comida, pueda redirigir esos fondos a reparaciones y mejoras edilicias. Se avanzó en pintura y en la recuperación de algunos sectores, como el hábitat de los coatíes. Sin embargo, el propio equipo reconoce que el zoológico todavía no muestra su mejor cara. Espínola recuerda la magnitud del deterioro acumulado: “Una vez dijeron que sería más barato construir un zoológico nuevo que arreglar todo lo que hace falta acá”.
Paseo. El Jardín Botánico recibe visitantes de martes a domingos, de 09:00 a 16:00. El ingreso general cuesta G. 11.000 y para niños de 6 a 11 años G. 4.000. En este sentido, el equipo veterinario recuerda a los visitantes que se tratan de animales silvestres y que siempre se deben respetar las distancias, más cuando muchos entre aves y monos están por fuera, utilizando el gran patio como un hábitat que ya es suyo.
Por ese motivo, hoy la laguna fue cercada, antes era común ver visitantes acercarse para tomarse fotografías, intentar tocar a los animales.