Así definió Aristóteles al ser humano hace más de dos mil años, y nadie lo ha refutado hasta el momento. Supongo que, siendo un animal político, debe tener una ideología política, que es un conjunto de ideas destinado a la acción política. Que la ideología sea buena o mala ya es otra cosa; democrática o totalitaria, siempre será política.
Por eso me sorprende la costumbre de descalificar a cualquier prójimo diciendo que está ideologizado. Si alguien dice que dos y dos son cuatro, no se le puede objetar que se equivoca porque es liberal. Si dice que dos y dos son cinco, tampoco se le puede decir: tiene usted razón porque es colorado. Cuando creemos que algo está mal, tenemos que decir por qué está mal, sin tener en cuenta la afiliación de quien lo dice.
De la huelga general se dice que está ideologizada. De acuerdo con esto, un político oficialista no tiene ideología, pero un político opositor sí la tiene. Esto puede suceder cuando los que mandan no tienen ni una sola idea en la cabeza, ni de política ni de nada, pero no se puede generalizar. También existen ministros con ideas sobre la política y otras actividades humanas. Por desgracia, también hay opositores no ideologizados, o sea, perfectamente burros.
Pero volvamos a la huelga. Yo no quiero decir que todos los que participan sean perfectos, pero motivos tienen para quejarse. Los docentes, por ejemplo, se quejan de que más de mil de ellos sean “honorarios”, o sea, que no cobren sueldo; algunos tienen cinco años de honorarios. A otros se les hace el descuento mensual para el IPS, y ya deberían estar jubilados, pero ni están jubilados ni les piensan devolver el dinero quitado.
Para los campesinos hay cuarta especial. Cuando son paraguayos y ocupan un terreno fiscal, con la aprobación del Indert, se los reprime sin consideraciones. Eso sucedió en Marina Cué, donde mataron a varios y procesaron a otros con evidente injusticia. Cuando son brasiguayos y ocupan un terreno fiscal sin autorización del Indert, no pasa nada. A partir de una cierta extensión, ya no se considera usurpación la ocupación de tierras fiscales; hay más de siete millones de hectáreas ocupadas por grandes establecimientos ganaderos y sojeros, que cada día están más tranquilos.
La Ley de APP también tiene su cuarta especial: para los paraguayos del montón, todo el rigor de la ley; para las multinacionales, tribunales internacionales y fondos de garantía del Gobierno. En general, a las multinacionales no les ha ido mal. A Unilever le permitieron vender productos con fosfato, nocivo para el medio ambiente; a las empresas paraguayas se lo prohíben. La empresa Delta Pine dejó basura tóxica para regalar y no pagó las consecuencias. No sé si es ideologizada o no, pero estas diferencias molestan a mucha gente y les despiertan las ganas de protestar.