* En 1973, dos años antes de retornar definitivamente, Javier Vargas estuvo en Asunción. Cantaba en la Parrillada Ñandutí (Bartolomé de Las Casas y Eusebio Ayala). Ahí actuaban también a veces Julia Elena Dávalos, la hija del gran compositor salteño Jaime Dávalos. En el acompañamiento a los cantantes estaban Chocho Alvarenga, Raúl Araña y Riolo Alvarenga, quien hacía sus primeras armas en la percusión.<br/><br/> “Cuando terminaba ahí, volaba al Restaurant Diagonal para otra presentación. Cierto día la lluvia caía a cántaros. El techo era de carpa. En cierto momento, yo estaba cantando una canción mejicana y un cliente sacó su revólver y disparó. El techo quedó totalmente agujereado... Nos mojamos completamente”.<br/><br/> <br/><br/>* “Ensayábamos en el tren, camino a Resistencia, con Los Chulupíes. Como había tanta gente escuchándonos, a un kurepa se le ocurrió pasar el sombrero. Juntó mucha plata. Llegamos a una estación... y el tipo se bajó con nuestra recaudación. ′Morimos′, dijimos todos... Al rato, sin embargo, el tipo vino llegando con dos cajones de vino, milanesas y pan. Lo que le sobró, le entregó a Corrales enterito”.<br/><br/> <br/><br/> * En Resistencia contrató a Los Chulupíes la familia Penayo. La dueña de casa le pidió a Javier que cantara “India”. Lo hizo de una manera muy inspirada, como si cantara con el alma. Al terminar, un hombre se le acerca y le felicita por la magnífica interpretación de aquella guarania. “Yo soy José Asunción Flores”, le dijo luego. El maestro había venido a aquella ciudad a visitar a su amigo Daniel y habían sido invitados a la velada por los anfitriones.<br/><br/> <br/><br/>* También en Resistencia, alguien los contrató para una serenata. Cantaban ya seis canciones y nadie salía... Había sido que la destinataria se había mudado de casa...<br/><br/>