24 abr. 2026

Amo a los que odian (final)

Con esta tercera entrega terminamos esta reflexión sobre el bullying o acoso escolar desde este espacio, pero sin la pretensión de acabar de entender el complicado entramado psicológico, social y moral del que está hecho. Para ello hace falta que toda la sociedad reconozca el problema e instale seriamente una discusión positiva al respecto.

Veamos algunas señales que presentan las víctimas del acoso escolar y que deben llamar la atención de sus padres: cuentan que son tratados en forma despectiva, están muy huidizos, evitan el diálogo, no traen todas sus cosas del colegio y no saben explicar por qué, o las traen dañadas, evitan acudir a excursiones, están irritables, su rendimiento escolar se deteriora.

Los adultos debemos entender que no se trata de ir a “atropellar” el colegio y conseguir el respeto para nuestros hijos. El problema del acoso es que está envuelto en un código de silencio y las víctimas ocupan un lugar en el grupo (desagradable, ciertamente), que perderían completamente si delatan a sus acosadores. La aceptación es crucial para ellos. Lo que suele ocurrir es que desarrollan una desesperanza que les hace perder el deseo de salir del dolor causado por el acoso. Esto los puede llevar a la depresión.

Entonces, ¿la solución es no intervenir? No. Hay que hacerlo de forma multidisciplinaria y sistemática, dándoles señales de total apoyo y confianza, no presionando para que cuenten todo a la primera, con ayuda de docentes y terapeutas.

En cuanto a lo que los docentes pueden hacer, lo primero es entender que la influencia de las técnicas de enseñanza es mínima en el desenvolvimiento de los alumnos, ¡son los factores extracurriculares y las relaciones las que hay que considerar para atacar el acoso! Y esto requiere de una mirada integral de sus alumnos.

Por eso se habla hoy de fomentar el bienestar compartido que, al decir de la terapeuta mexicana Silvia London, se trata de crear el tipo de conversaciones y relaciones que invitan a los participantes en la comunidad educativa a la utilización de sus fortalezas, recursos y creatividad para generar un conjunto de posibilidades donde parecían no existir.

Se trata de que los adultos asumamos que el acoso empieza por nuestra actitud desentendida o peyorativa y excluyente, “a la defensiva”, con relación a la realidad. Ni los padres pueden pretender que el colegio solucione los problemas educacionales de sus hijos ni los docentes pueden desentenderse de la felicidad de sus alumnos. O los condenaremos a vivir entre adultos que no pueden contenerles.

Como sociedad también debemos preguntarnos: ¿Qué mensaje es el que les damos que algunos de nuestros jóvenes terminan “amando a los que odian”?