Opinión

Amiga, date cuenta…

Brigitte Colmán – @lakolman

Ayer fue el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, y se habló mucho del tema, lo cual es muy bueno. Hablar es bueno y tener en cuenta las estadísticas y los nombres de las mujeres que en este año fueron víctimas de feminicidio, para crear conciencia.

Más de 40 mujeres no sobrevivieron, y la lista de las que sobrevivieron y siguen peleando –no solo contra los violentos, sino contra la Justicia y el sistema– es muy larga.

Pero también hay que hablar de otros asuntos perpendiculares al tema violencia intrafamiliar, como por ejemplo que ningún varón se despierta un día y tiene una especie de revelación, y le dice: “hoy vas a cagarle a patadas a tu esposa”; o “vas a disparar dos balazos a tu novia que cortó contigo”, porque ella sencillamente ya no te quiere más.

El feminicidio no es un “momento de locura” o un “crimen pasional”. No es algo que surge de la nada; y en develar las diferentes formas de violencia estamos todos involucrados; las autoridades, pero también cada persona que forma parte de esta sociedad. Ya que si no se hace una prevención más efectiva, seguiremos lamentando más muertes.

Es positivo tener una Ley 5777 “De protección integral de la mujeres contra toda forma de violencia”, pero es evidente que con eso no es suficiente.

Todos somos responsables cuando aceptamos las actitudes machistas, que ubican a las mujeres en una posición de inferioridad.

Y somos igual de culpables cuando practicamos aquellas actitudes no tan evidentes, pero igual de discriminatorias y peligrosas, conocidas como micromachismo. Esos gestos, comentarios y prejuicios que los tenemos tan asumidos que ya ni nos damos cuenta. Para no hacerla tan larga, mencionamos algunas muestras, y cada cual puede hacer el test para evaluar cómo anda su nivel de micromachismo.

Test micromachista

*Cuando le explicás algo a una mujer, sin que ella te lo pida, y solo por ser mujer asumís que ella necesita esa explicación.

*Cuando te preguntan si trabajás, vos respondés: “No, soy ama de casa”.

*Cuando te callás nomás si ves que un amigo está piropeando e insultando a una mujer.

*Cuando tu primo se queda en la casa al cuidado de sus tres chicos, y vos, su mejor amigo, le dice: “Ahhh, sos el niñero!”, como si la responsabilidad de cuidar a los hijos fuera solo de las mamás.

*Cuando un nene se pone a llorar y se burlan de él, y le dicen: “Llorás como una nena”.

*Cuando un hombre cuestiona tu conocimiento e intenta iluminarte con su sabiduría. (Mansplaining).

*Cuando le interrumpís innecesariamente a una mujer, no le dejás hablar. (Manterrupting).

*Cuando tuviste una idea y una brillante ejecución, pero un hombre se lleva los créditos. (Bropiating).

*Cuando alguien alardea de que ‘ayuda en la casa’, con las tradicionales tareas de cocinar, limpiar la casa, lavar la ropa, regar las plantas, como si hacer todo eso fuera una concesión que le hace a su esposa-esclava-sirvienta, precisamente en la casa donde él también vive.

Y es muy probable que su mamá y su papá le enseñaron así, como a ellos a su vez le enseñaron sus papás y sus mamás y así hasta el infinito; por eso hay que desmontar esas ideas tan ajadas.

Porque la Constitución no dice que las nenas tienen que vestir de rosadito; ni que las mujeres solo por no tener un carácter sumiso ya son unas histéricas, como le llamás vos a tu jefa; ni aquellas que defienden sus derechos (y los tuyos) son feminazis.

Las actitudes machistas, las ideas arcaicas y los prejuicios forman el barro del cual está hecho ese troglodita que se creyó la historia de que él es el rey de la creación y que es el dueño absoluto de la mujer que tiene a su lado, y puede disponer de ella como si fuera una silla.

Por eso, hay que revisar todas esas ideas; ¡amiga, date cuenta!

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